Ground Bass Ground Bass

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Francesco Tristano Francesco TristanoGround Bass

7.3 / 10

Cuando Francesco Tristano fichó por Universal Music en Alemania, el sello tenía para él un plan de desarrollo artístico hecho a medida, porque sus características indican que no es un artista cualquiera, por no decir difícilmente comparable con cualquier otro músico del momento. Por un lado, se le facilitaba la posibilidad de desarrollar proyectos personales basados en la electrónica en la línea de su álbum “Idiosynkrasia” (2011), una carta que el pianista luxemburgués todavía no ha jugado a la espera del momento oportuno, y por otro se le abrían las puertas de la todopoderosa Deutsche Grammophon para sus grabaciones de música clásica. Primero se dedicó a “BachCage” (2011), un playlist, que no un programa –como a él le gusta decir– a partir de piezas ambientales de John Cage y obras de teclado (partitas y suites) de Johann Sebastian Bach, y a finales del año pasado entregó “Long Walk”, otro disco en el que Bach volvía a ser su obsesión junto con piezas de Dieterich Buxtehude, compositor alemán en el corazón del Barroco, a lo que se sumaban dos composiciones propias, entre ellas “Ground Bass”. El contraste entre la música escrita por Tristano y la de los titanes germánicos es fuerte, lógicamente, porque Bach representa la reglamentación y la solidez de la tonalidad, mientras los nueve minutos de “Ground Bass” exploran un lenguaje a medio camino entre la atonalidad de un Berg o un Berio, el fraseo del jazz y la comprensión del piano como un instrumento total, que permite incluso la percusión golpeando con la mano en la misma caja de resonancia. En la cara B de este maxi se recupera este prodigio de libertad a mayor gloria de un siglo XX que poco a poco vamos comprendiendo y amando mejor.

El trato con Universal, como se ha dicho, no excluye la electrónica, y como ya sucediera con el 12” editado tras la estela de “BachCage” –con remixes de Moritz Von Oswald y Lawrence–, “Ground Bass” también busca una colisión con el techno gracias a un purista del sonido de Detroit clásico, el inglés Kirk DeGiorgio, y el trío alemán Brandt Brauer Frick, que comparten con Tristano ese afán por borrar cualquier separación entre la música culta occidental y el lenguaje de las máquinas. La aportación de DeGiorgio es hasta cierto punto rutinaria: transforma el caudal de matices y variaciones cromáticas de “Ground Bass” en una especie de techno-funk con notas de piano saltonas y un bajo fuerte, pero conservando una estructura de loop bastante manida. Pero por suerte BBF comprenden mejor la complejidad de la jugada y seleccionan con cuidado los segmentos de piano –más la parte próxima dodecafónica que la orientada al jazz– y adornándolos beats que acentúan el caos antes que apuntalar el orden, consiguiendo un matrimonio audaz entre un techno verdaderamente experimental, de beats asimétricos, y el espíritu modernista de la pieza original –de paso, algo muy parecido a lo que alcanza Francesco Tristano en su otro proyecto en formato trío, Aufgang–. Un disco entero de remezclas en este plan sería colosal. De momento, habrá que conformarse con una buena píldora a la espera de que el doctor nos recete otra dosis más fuerte.

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