Gillette Gillette

EPs

Gillette GilletteGillette

9 / 10

Gillette  Gillette 100% SILK (SILK005, 12” + digital)

Nadie sabe quién está detrás de Gillette, a excepción de quienes manejen los hilos en 100% Silk, subsello para menesteres bailables de esa zona de alteración psicodélica y brumosa de la marca californiana Not Not Fun. Al ritmo de edición que llevan ahí, Gillette podría ser cualquiera, un recién llegado –sacan nombres del underground con la misma constancia con la que Arabia Saudí bombea petróleo de sus pozos– u otro artista bajo otro nombre. Qué más da: la música en sí misma ya es un enigma capaz de hacerte romper la base del cráneo de tanto pensar, así que no vale la pena meterse en más problemas. Sólo hay que sumergirse. “Gillette” no tiene el filo cortante de la marca de cuchillas de afeitar a la que alude el nombre, más bien es un metal oxidado y romo, con aristas desiguales y capacidad de hacerte sangrar. Pero tiene pegada, aunque sea a cámara lenta. ¿Cómo describir estos tres cortes embutidos en surcos apretadísimos que dan para 10 y 15 minutos de exploraciones pseudo-industriales en sus dos respectivas caras? Habría dos puntos de partida, dos áreas olvidadas de la memoria –que es lo que en Not Not Fun les gusta– como el new beat belga y la música industrial primitiva con aquella inclinación a la música industrial y el pop en la línea de “Hot In The Heels Of Love” (Throbbing Gristle) y “October (Love Song)” (Chris & Cosey), pero sin letra.

Meterse en estos tres tracks, pues, es como dejarse atrapar por un agujero negro que lleva a una dimensión reversible en la que el lado oscuro de la música y la máquina han extendido su influencia por todo el mundo, como en una ucronía nazi: en “I”, Gillette extiende un beat lento pero constante que sufre acelerones y pausas, pero que jamás deja de contagiar una especie de peste bubónica pre-EBM e incluso pre-Minimal Wave, salpicada de tonos fríos, sintes espectrales, ruidos como de máquina de vapor. Por su velocidad baja, recuerda al new beat belga, pero también porque es una deceleración de aquellas bandas de pop electrónico europeo –de DAF a Klein & MBO pasando por Liaisons Dangereuses y la infinidad de cold wave que había debajo– que trabajaban las frecuencias rítmicas como latidos de un corazón paralizado por la morfina. Para aumentar el efecto de angustia, “II” y “III” añaden más leña al fuego –más una oportuna ráfaga de sinte pre-ácido, como Patrick Cowley on crack– a un 12” que es un jodido dolor de muelas, pero un placer insano si dentro de ti hay rincones oscuros.

Javier Blánquez

*Escucha aquí.

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar