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CFCF CFCFExercises

8.1 / 10

Cada nuevo disco que ha ido editando Michael Silver ha sido un paso firme en un proceso de deceleración sin prisa, pero sin interrupciones, del baile al no-baile. Cuando le conocimos por primera vez, y esto fue en 2009, el productor canadiense era un visitante tardío de los campos del italodisco, un estilista del synth-pop que llegó a colaborar –en featuring y en remix– con Sally Shapiro, que entregaba videoclips basados en películas de culto de los años 70s (¡Franju!) y que tenía entre sus objetivos reivindicar el romanticismo kitsch de cierta música sintetizada de los 80s, de los temas más espaciales de Giorgio Moroder y Harold Faltermeyer a las jams de teclado colgado al cuello, con chaqueta blanca, del cada vez más reivindicado Jan Hammer. Pero, como decíamos, este refinamiento synth-pop, slow disco y neo-italo que se apreciaba en “Continent” (Paper Bag, 2009), su único álbum por ahora, ha ido transformándose poco a poco en un viaje plácido a las orillas del ambient. Su 12” en RVNG Intl. de hace un par de años, “The River”, ya avisaba de que había otra manera de hacer en CFCF –que igual tiene que ver con un envejecimiento prematuro, o con una cualidad dual sólo al alcance de los elegidos–, y aunque ha vuelto al baile esporádicamente, como en “Cometrue EP” (2011) y en las sabrosas remezclas de “Drifts”, “Exercises” demuestra que su verdadero valor está en el downtempo.

Técnicamente, es un EP, aunque vale más que muchos de los álbumes que se vayan a publicar este año. CFCF toma como base de su creación el piano, y en una dimensión muy parecida a la de otro canadiense bipolar, Chris D’Eon, aquí se emplea a fondo para darle salida a una vena new age que tenía latente. “Exercises” es próximo en filosofía al Music For Keyboards vol. 1 de D’Eon, aunque más dinámico todavía: su manera de tocar el piano no es tan estática como la de D’Eon –que, en realidad, maneja teclados eléctricos y sintetizadores con los que consigue una textura ingrávida, como un cristal muy limpio–, y las notas, aunque suaves, parecen saltar por una extensión de sonido adornado posteriormente con ráfagas sintetizadas y voces. Si aceptamos new age como el concepto paraguas para “Exercices”, entonces es la new age de George Winston o la de aquella Suzanne Ciani que se alejó de la electrónica para abrazar el impresionismo, pero hay más enfoques válidos para CFCF. Por ejemplo, la segunda variación, “Exercise 2 (School)”, que aunque parece que vaya a imitar la melodía de la cabecera de “Expediente X” acaba tornándose en un reflejo del Aphex Twin más naïf, el de las piezas breves de “Drukqs” pero, sobre todo, en el de “Selected Ambient Works II”, el de esas miniaturas en las que, entre tanta electrónica turbia, a veces aparecía un piano diamantino que iluminaba la pieza entera.

Hay momentos rítmicos en “Exercises”, como la parte ocho ( “Change”), en los que asoman beats tentativos, lentos, como un electro sigiloso, y en “September” se ocupa de ponerle voz al tema David Sylvian, con lo que el conjunto del disco adquiere una dimensión nueva y nos lleva al synth-pop elegante, limpio y eterno de Japan. Más allá de eso –entre la anécdota y el condimento suficiente para elevar la categoría de la obra–, la huella que deja CFCF aquí es como pianista: versátil, eficiente, sin florituras pero sin errores, inspirado en el impresionismo y en Satie, como toda la nueva ola de pianistas autodidactas de la generación neoclásica –de Peter Broderick a Dustin O’Halloran–, pero aspirando a conquistar un espacio más amplio, cósmico y, de paso, enternecedor. Si no es el mejor disco de piano del año, sin duda sí es el más original e inesperado.

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