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8 / 10

Mwëslee  Eurocarne

NOD NAVIGATORS

En estos momentos de santificación de todo lo que huela a inflamación y deformación wonky, Mwëslee avanza con “Eurocarne” hacia terrenos cada vez más personales en los que el recurso a la cojera y al bombeo gratuito de frecuencias bajas pierde peso en favor de un trazo más florido y dinámico, más orgánico y mudable que aspira al valor de canción en el sentido más tradicional del término. Lejos de insistir en el recurso al loop y al sampler que vertebraba su “Megaplast EP” (Nod Navigators, 2006), el vigués concentra su energía en desarrollar su destreza para la escritura sintética, una que prefiere el trazo caligráfico humano e imperfecto –siempre expuesto al error, al retardo, a la descompensación– a la manipulación y el amontonamiento de muestras. Lo que antes se ordenaba sobre la pantalla del laptop ahora se toca con las manos, se dibuja con la uñas sobre los resortes de un teclado, y el humor general de los temas se escora hacia terrenos de evocación múltiple que no son sino el reflejo de una horquilla de intereses musicales en expansión constante.

Desde que suenan los primeros timbres de “Eurocarne” (un drone sintético ondulante reforzado por el ronquido agudo de unas gaitas gallegas que pronto dejan paso a una suerte de electro-funk meets crunk entre eufórico y neurótico) se sabe que Mwëslee viene dispuesto a pisar fango aún a riesgo de resbalar. Que nadie tema por sus huesos, que el irresistible boogie funk con sabor ochentero de “Nova Olimpia” (exhibiendo capacidad para la evocación cinematográfica a lo Harold Faltermeyer, y atreviéndose a descuadrar los ritmos porque sí, porque apetece, y porque la cuadrícula se queda corta cuando lo que uno intenta es humanizar su música, hacerla más elástica e imprevisible), el post-dubstep tenso, denso y trompicado de “Far Lop Era” –bebiendo luz de unos teclados que parecen querer tender puentes entre la memoria rave, el grime y un downtown neoyorquino (el de hace tres décadas) al que también apunta la abocetada “Variations Pour CX Pallas”, un número inspirado en los ciclos de teclas de Terry Riley o Philip Glass–, el hip hop relajado y lumínico, bañado por el sol angelino, de “Pacífico” o las filigranas sintéticas de “Mañana Calor” (¿ purple wow aquejado de alguna extraña fiebre tropical?) nos auguran un viaje excitante, entretenido y fuente de esos disfrutes que duran.

Luis M. Rguez

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