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Vladislav Delay Vladislav DelayEspoo

7.6 / 10

La primera impresión, macerada lentamente por los años –y ya son 15 los que le hemos tenido entre nosotros, entregando discos con una puntualidad suiza hasta acumular una obra ingente–, es que Sasu Ripatti se guía por la ley del péndulo, yendo de un extremo al otro. De lo calmo a lo agitado, de lo profundo a lo diáfano como una superficie de agua o cristal, el finlandés ha ido alternando discos de club (sobre todo los firmados como Luomo) con discos de experimentación sin brújula. De todos modos, la cadencia parecía haberse encallado en los últimos tiempos: a su participación como batería en el Moritz Von Oswald Trio sumó su propio proyecto de improvisación jazz-noise (el Vladislav Delay Quartet) y, salvando el último álbum como Luomo y la efímera reactivación del alias Sistol, su música siempre ha andado más cerca de lo ambiental y amorfo que de lo rítmico y hedonista. Incluso “Vantaa” (2011), el álbum con el que ingresó en la familia Raster-Noton, apagaba los incendios rítmicos con generosas fases de hielo electroacústico. Pero “Espoo” es otra cosa: nunca antes había sonado Ripatti tan violento, tan volcánico, tan duro, como en este 12” que sella su alianza con la plataforma de Alva Noto.

Dos cortes, a uno por cara, y que forman un tremendo exabrupto techno de 15 minutos con bombos de acero movidos a intervalos muy cortos –en la cara B se flirtea con el gabber–, ecos regurgitados de lo más profundo de una gruta y textura metálica. Es un disco simbólico en su larga carrera porque, salvando los fragmentos antes apuntados de “Vantaa”, este vinilo es lo más techno que jamás ha salido del estudio de Vladislav Delay. Era una asignatura pendiente o un tema que evitaba conscientemente –no lo había hecho ni con el dub ni con el house–, pero que alcanza un nivel interesantísimo y que seguramente está en el origen de una modificación decisiva de su sonido para el futuro. Lo que antes eran discos que parecían ondulaciones suaves sobre la superficie de un lago nórdico ahora son erupciones de agua hirviendo tanto en “Olari” –un corte que tiene su conexión directa con el techno amazacotado y viscoso de Andy Stott y Monolake– como en su reverso más rápido, más negro y más duro de “Kolari”. El álbum fue un anticipo y los proyectos jazz una distracción: Delay tiene puesto su ojo en el techno –su manera de entender el techno–, y a juzgar por este avance trae aire fresco. Mejor dicho: congelado y pútrido, pero al fin y al cabo nos suena a distinto.

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