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Joy Orbison Joy OrbisonEllipsis

8.6 / 10

En su camino hasta convertirse en una de las figuras más aclamadas de la música de club británica, Joy Orbison ha demostrado, además de desmesurado talento para producir, un perfecto manejo del timing. Buena muestra de ello es su tendencia a guardarse tracks en la chistera. Producciones que se filtran a la red con el consiguiente aumento de secreción salival de sus seguidores pero que luego tardan meses en editarse o, directamente, no ven nunca la luz ( “GR Etiquette”, por ejemplo). Un modo de actuación que el propio Peter O'Grady achaca, aunque cueste de creer, a su inseguridad con sus producciones. Sea como sea, este ‘saber escoger el momento’ se ha revelado como una de las claves en la construcción de su inmaculado perfil artístico y es lo que provoca que cada uno de sus lanzamientos (que, para más inri, solo edita en vinilo) sean un pequeño acontecimiento.

De todos los cortes que han pasado por este proceso, este “Ellipsis” que ahora edita Hinge Finger (el sello que comparten Will Bankhead y el propio Joy O) es probablemente el que más alboroto ha venido causando en los últimos meses. Y con razón. La primera es ese peculiar sample vocal extraído de una entrevista al dúo de drum’n’bass Source Direct. Resulta revelador que a partir de un fragmento de audio tan aparentemente trivial Joy O haya edificado un himno como éste. Pero a decir verdad no debería sorprender. Además de funcionar a nivel meramente estético, esa voz que repite “we just used to like: do our own thing, we just used to like (an’ all that sort of thing)” tiene el poder de despertar el sentimiento de pertenencia entre la comunidad clubber. No es extraño que DJs como Jackmaster o el propio Joy O lo utilicen en ocasiones como gimmick para, por ejemplo, abrir sus sesiones. Luego está el perfecto contraste entre los delicados pads de genoma deep-house con una tumultuosa línea de bajo de tintes acid con el suficiente músculo para seducir también a los seguidores de las derivaciones bass. Y coronándolo, esos acordes de piano como caídos del cielo, que deberían acompañar para siempre la definición de la intraducible palabra “bliss”. Simple y eterno. En la otra cara, Shed se pone la máscara de Head High para retorcer cada uno de los elementos de la canción hasta dar con nebulosa rebosante de presión rítmica que, con los pianos sumergidos entre una embrollada maraña de breaks sincopados, suena a old-school hardcore disfuncional. Es una revisión atrevida e intensa, pero es difícil que no palidezca ante la original. Es lo que tiene acercarse a semejante clásico instantáneo.

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