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Lee Gamble Lee GambleDiversions 1994-1996

8.2 / 10

Aunque su discografía reconoce lanzamientos editados a partir de 2006, principalmente en sellos profundamente experimentales como Entr’acte –un reducto especializadísimo en el que todavía se cultiva la música concreta–, la historia de Lee Gamble va mucho más allá en el pasado y, sobre todo, aunque resulte paradójico decirlo así, en el futuro. Y aunque ha dedicado la mayor parte de su trabajo a la renovación y la actualización de las fuentes electroacústicas del sonido, y a crear espacios sonoros más propios de un museo que de una habitación particular –y ya no digamos de un club–, sus orígenes en la música se remontan a principios de los años 90, con su primer par de platos y una obsesión fuerte por el jungle, que justo en aquellos años –y más concretamente los que consigna el título de este EP, de 1994 a 1996– vivió un proceso de expansión popular y creativa como pocas veces ha ocurrido en la música electrónica de baile (y nunca con la misma dimensión en la escena particular británica). Lee Gamble fue uno de los muchos jóvenes anónimos, entusiastas y sin huella en la historia que participó del furor de las radios piratas y de la pasión por el drum’n’bass, y “Diversions 1994-1996” se remonta a aquellos años a modo de tributo. Pero no es un disco de recreación jungle, sino algo mucho más sutil. Algo que, además, no tiene precedentes.

En este caso concreto, Gamble participa de la escena reciente de recontextualización del pasado que muchas veces hemos identificado con palabras –ya en desuso, pero no por ello menos precisas– como hauntology o hipnagogia: su estrategia estética pasa por recurrir al pasado, un pasado prácticamente borroso y recordado de manera fragmentada y con más sombras que luces. Su foco de atención es el drum’n’bass, pero apenas en su dimensión rítmica –esas esculturas de breaks cinceladas a diferentes velocidades y en distintos ángulos, esas asombrosas polirritmias que rebotaban y se entrelazaban en los 12”s de Doc Scott, 4 Hero, el primer Goldie y Omni Trio–, y sí en su detallismo ambiental. En el jungle de estos años –la salida del darkcore del largo túnel de oscuridad y drogas que citaban Origin Unknown en “Valley Of The Shadows” hacia la luz que resplandecía en “Music” u “Horizons” de LTJ Bukem–, generalmente antes del primer break de muchas dimensiones y el primer latigazo del bajo, solía haber una intro de pausa ambiental –repetida hacia la mitad del tema, a modo de oasis de descanso–. Lee Gamble ha seccionado algunos de esos cortes de la época y, como un cirujano, ha retirado toda la musculatura rítmica y se ha quedado con las intros y los intermedios, ha procesado ese material con filtros sepia –como si fuera música colgada en Instragram– y ha terminado con 25 minutos de viñetas tranquilas enlazadas unas con otras en un continuum que resulta más fantasmal que eufórico, y que tiene más que ver con Oval o The Caretaker que con sellos míticos como Moving Shadow, Reinforced o Metalheadz.

A partir de algunos títulos, como “Helicopter” o “Rufige”, se intuye que las fuentes originales de “Diversions 1994-1996” son, o pueden ser –todo es muy borroso– cortes como “The Helicopter Tune” (Deep Blue, editado en diciembre de 1993 y popularizado varias semanas después vía Moving Shadow) o el pivotal “Terminator” (Reinforced, 1993) de Rufige Kru, el primer alias de Goldie. Es precisamente en ese instante, ya al final de la cara B –y precedido por “Dollis Hill”– cuando Lee Gamble finalmente deja de contener la presa, abre las compuertas y de la vaharada espectral comienzan a salir los primeros breaks para rápidamente apagarse y coronar un extraño clímax muy bien medido que deja la escucha del 12” en un punto de desasosiego e inicio de euforia que obliga a reiniciar la escucha para volver a andar el camino laberíntico y diluido que el autor ha sabido edificar tan bien –y que, para mayor frustración de las expectativas, no piensa retomar en “Dutch Tvashtar Plumes”, el álbum que editará en PAN antes de final de año y del que ya hablaremos por aquí–. Porque más allá de la originalidad de la idea –un disco así no existía antes, así que puede citarse sin miedo como primera manifestación de la hauntology inspirada en el jungle–, lo que más conforta y sorprende es el magisterio de la ejecución, hasta el punto en que uno se suma sin reparos a la frase escrita por John Twells (Xela) en su Twitter: si no te gusta este disco, no te considero mi amigo.

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