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James Blake James BlakeCMYK EP

9 / 10

R&S (RS1003D, digital)

Como él mismo ha manifestado, James Blake –no hay que confundirle con el tenista– no pretende arrancarte movimientos en la pista de baile. Lo que él quiere es que te desbordes en lágrimas, que te enternezcas y te derritas mientras un sonido cálido, balsámico, baña todo tu cuerpo. Prefiere la emoción interior a la manifestación física del éxtasis, y es una orientación que, quién sabe, se podría volver en su contra: la música que se posiciona tan abiertamente lacrimógena lo hace en base a ciertos clichés fácilmente ridiculizables (Ultravox todavía pagan el pato por un título tan feo como “Dancing With Tears In My Eyes”). Pero no es el caso por ahora con Blake –el gran fichaje del año del sello Hessle Audio, colaborador y remixer ocasional de Mount Kimbie, ahora la gran apuesta para un sello, R&S, que no consigue todavía renacer al nivel en que estuvo en los años 90–, y no lo es porque aunque se le puede tildar de sobrado por despreciar de tal manera la explosión hedonista para anclarse en el cliché indie del “chico emo”, su música en realidad consigue transmitir lo que sobre el guión prometía: una calidez de agudos que sugiere ternura, la sensación de que el sonido se introduce primero por la piel antes de alcanzar el pleno procesamiento en el cerebro. Es decir: tiene la gran cualidad de la música electrónica de baile, la de sentirse antes que escucharse. Para ello, Blake abunda en sintetizadores de notas prolongadas y grano grueso, que se clavan en la piel con presión fortísima y forman una burbuja de aislamiento, de privacidad, y los acompaña de líneas vocales que suben y bajan el pitch –a la manera de Burial, claro está– con una intención estética más próxima a los sped up samples de Kanye West y el 2step garage ( “CMYK”). Es casi un maxi de relax éste: “Footnotes” es como un funk tórrido en un siglo futuro, “Postpone” busca la cadencia suave del jazz nocturno y “I’ll Stay” se empapa de la lentitud y la riqueza ambiental de la mayor parte del dubstep que se edita en Hessle Audio. James Blake, pues, es consecuente con su desprecio por la velocidad y su mimo de la intensidad emocional, y arma un artefacto de gran valor que, aunque no está a la altura de lo que hace Joy Orbison, se pasea por el mismo escenario, el del híbrido de dubstep, deep house y voces a chispazos que podrían provocar un incendio.

Javier Blánquez

James Blake - CMYK by jdillon89

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