Beak & Claw Beak & Claw

EPs

s/s/s s/s/sBeak & Claw

5.5 / 10

El guapo. Se encienden las luces y aparece una orquesta tocando en el ascensor de una nave espacial. El recital impecable que ofreció Sufjan Stevens el pasado San Miguel Primavera Sound (como parte de su último y cósmico disco-manifiesto, “The Age Of Adz”) convirtió el Auditori en un ovni y anunció una nueva era para el músico de tradición folk. Emergía entre rayos láser y arreglos de cuerda para un Sufjan más electrónico y oscuro, más místico y siempre angelical. Cegado aún por aquel show, confieso que se me había disparado la imaginación al conocer su proyecto musical con Son Lux y Serengeti, dos nombres vinculados por motivos diferentes al indie-rap más experimental, en concreto al sello Anticon. Sufjan. Son. Serengeti. Ahí tienen a s/s/s, y ahora para rellenar los blancos en mis fabulosas expectativas imagínenselos bajando con éxito por unas escaleras muy largas con el aspecto triunfal de haber encontrado juntos la fórmula de Daft Punk, cada uno con su casco.

Pero hay muy poco de barroco en “Beak & Claw”, EP de cuatro canciones que supone el debut del trío de eses. Y en sus 20 minutos domina los diálogos entablados por Serengeti, los chasquidos metálicos y los destellos digitales por encima del drama pop o de la épica orquestal, de las que apenas hay rastro. Esa es la mala noticia: este no es un movimiento a lo Kanye West de Sufjan ni pretende entregar, al menos aquí y ahora, su “808s & Heartbreak”, como pudo parecer tras las primeras escuchas de “Museum Day”, un tema que ya sirvió de adelanto a este disco hace unas semanas y que sigue siendo el mejor del lote. Rap astral y vulnerable adornado con esos reflejos tan cosmic disco que aporta el uso de AutoTune en los estribillos, al que Sufjan lleva entregado los últimos meses (ahí está su colaboración con Rosie Thomas como testimonio de la obsesión). Así que de sobreproducción instrumental ni hablamos. Qué pena.

El feo. Una obviedad: este disco podría haber sido de muchas maneras distintas a la que finalmente es. El cada día más vasto territorio de las colaboraciones indie/rap hay límites difusos: en un extremo, el sonido, siempre dorado y faraónico, de Kanye West y la indie star Bon Iver; en el otro, el sonido frío y sintético de 13&God, el supergrupo con más posibilidades de compararse con s/s/s, nacido también de los alrededores de Anticon. “Beak & Claw” suena decepcionante como lo fue el debut de 13&God porque no logran funcionar con cierta armonía, como algo cohesionado, sino como varias voces hablando por turnos. Fragmentos copypasteados. Acabados descompensados. Nula sensación de trabajo colectivo. ¿Se componen estos discos a través de intercambio de material a través de internet? Es que con algunos supuestos ganchos pop de “Beak & Claw” me cuesta hasta empatizar.

Ryan Lott, el hombre que se esconde tras Son Lux, es conocido por experimentar con su sensibilidad clásica a través de la electrónica en dos discos donde ha dado muestras de talento para las melodías de piano y los arreglos orquestales. Aunque cuando se pone demasiado llorón puede llegar a recordar a Moby. Y le gusta el folk ácido. Así que juguemos a las estrategias de la política musical: una posible alianza entre él y Sufjan podría haber llevado a s/s/s por otros caminos, no con pocas conexiones con bandas como The Flaming Lips o Caribou, pero también con otros hermanamientos entre músicos indies y productores (más o menos) de rap como Neon Neon, Broken Bells y, si me permiten la licencia, hasta Gorillaz.

El malo. Conclusión: es Serengeti el que se lleva el EP a su terreno, y el resultado tiene mucho de experimento de rap blanco independiente norteamericano. Desde Anticon remiten a Shabazz Palaces y Buck 65, a Laurie Anderson, el spoken word y cierta post-millennium tension. Hasta Doseone se deja caer en un tema, el notable y más oscuro “Octomom”, donde también se tira de AutoTune y que también luce una mayor expresividad que otros cortes. Shara Worden, de My Brightest Diamond, presta también su voz a “If This Is Real”, que parece más pensada para la pista de baile.

Sin malentendidos: toda colaboración de este tipo merece ser celebrada de antemano, y en cada uno de estos cuatro temas hay siempre detalles que sorprenden por poco previstos (pienso en el espíritu feérico, intangible, que sobrevuela “Beyond Any Doubt”). Pero en general estamos ante un disco frustrante que quiere brillar y dar calor pero que solo lo consigue por momentos, poco natural en su manera de integrar los diferentes puntos de vista y a veces hasta embarazosamente artificioso. Por todo ello, finalmente, “Beak & Claw” produce una falta de interés fatal en el oyente, que una vez concluida su escucha no se ve mínimamente seducido a saber más sobre esta aventura, a conocer qué ha llevado a estos tres músicos a embarcarse juntos y hacia dónde dirigen la nave.

Museum Day

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