Aeolian Aeolian

EPs

Om Unit Om UnitAeolian

7.7 / 10

El beat está en un momento apasionante. El nuevo orden mundial (y digital) de los bajos gordos y los ritmos reptantes ha sido inmisericorde con los románticos del sample y el plástico, pero nos ha traído una bonanza en términos de experimentación genética que le quitaría el hipo al Doctor Moreau. Después de partir la pana con los experimentos “Footwork Jungle” bajo el apodo de Phillip D. Kick y el proyecto Dream Continuum junto a Machinedrum, y dejarnos un interesante riachuelo de EPs en los que ha cocido distintos caldos electrónicos, Jim Coles vuelve a calentar el cazo pero esta vez el contenido es spacey a rabiar, y la velocidad se reduce drásticamente en el grueso del EP.

“Aeolian” nos trae al plato un sonido enraizado en los patrones del hip hop y el space funk, nada nuevo en Wonkylandia, pero el aderezo es lo que cura las heridas: es ahí donde Om Unit aplica una microcirugía rompedora, apostando por teclados vangelinianos, atmósferas robóticas de un futuro muy lejano, subgraves de helio que rebotan unos contra otros y mucha cosmonáutica de nuevo cuño.

Son paisajes gélidos forjados a años de luz de nuestro planeta, en el vacío, pero su aparente frialdad se ve compensada por una ducha constante de melodías alienígenas y sintetizadores epidérmicos. En este amasijo de conceptos superpuestos, Cole se pone a trabajar, manipulando con personalidad y mucho sello propio elementos exóticos como post-dubstep, drum’n’bass, grime, ambient, bass, IDM, crunk, footwork y trap. Y sin que el laboratorio ilegal le explote en las narices; si buscáis a alguien que sepa fabricar esta mierda sin hacer ruido y facture la mejor beatanfetamina digital del momento, Om Unit es el nombre que tendréis que gritar al abismo.

Se impone pues la contemplación porrera y la estimulación del córtex a base de suaves electrodos digitales. Los teclados a lo Lucio Fulci de “Dark Sunrise” acompañan la voz gatuna de Tamara Blessa en uno de los mejores tracks del LP. El P-Funk cosmológico hinchado a base de dubstep cavernoso de “Lightworkers”, con Kromestar, es también una puta maravilla. Se nota que Coles no es un beatmaker del montón; les gusta regodearse en los detalles, busca varios movimientos en cada corte, hace que sus creaciones instrumentales respiren sin necesidad de voces o raps. Su alimento es puro delicatesen en un marasmo de future beat para consumo masivo. Se agradece esa pasión por contentar a los paladares más doctos y leídos. Asombrosas pinturas como “Slowfast Matrix” –post-dubstep ártico, claps en eco, subgraves viscosos, teclados sinusoidales– o la sensacional “Ulysses” –grime líquido, chisporroteos tranceros, beat angelino, teclados que ponen la piel de gallina– nos hablan de uno de los nombres más a tener en cuenta en el empedrado del beat futurista. Huele a grande.

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