A100 EP A100 EP

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The Traveller The TravellerA100 EP

7.1 / 10

¿Otro alias para René Pawlowicz? Ningún problema: si ya teníamos la asimetría techno de Shed –generalmente más cerca de una idea abstracta que de una vocación dancefloor–, la rectitud y la crudeza de EQD y las texturas líquidas de Wax, ahora se une a la familia de alter egos The Traveller, que como indica su nombre implica un sonido (todavía) más escapista de lo que en el conjunto de su obra ha planteado. The Traveller puede plantear una confusión lógica con Shed porque el segundo álbum de este proyecto del productor alemán ya se titulaba así, “ The Traveller”, tech-house fragilísimo y puro, pero si hay una conexión real con Shed es en la medida en que estos nuevos tres cortes aportan más fibra y carne a su sonido habitual. Es decir, una estructura más rígida y más completa, sin demasiados devaneos ambientales ni salidas del guión, pero tampoco sin la fuerza de su material más en bruto. “A100 EP” se instala en un pequeño punto intermedio entre Shed y EQD; las diferencias son tan sutiles, tan por milímetros, que casi no existen. Pero ahí están.

The Traveller también implica unas ganas de cambio en Shed. De viajar, de moverse, aunque sin salir de su propia galaxia. Son tres temas en Ostgut Ton, un sello que nunca falla, y el resultado es ciertamente notable. La cara A, “A100”, trae ecos de ese Detroit funk de Eddie Fowlkes y E-Dancer (Kevin Saunderson): líneas de sinte onduladas y robustas, y unos bajos aún más densos que dirigen el camino del tema con una linealidad que conduce irremediablemente al placer físico en la pista de baile. Sin apenas devaneos experimentales, sabe lo que busca y lo consigue, del mismo modo en que “Bypass” utiliza una estrategia parecida –pero con un ritmo algo más roto– para consolidar una toma impecable de techno contemporáneo. Es en “BER” donde el vinilo guarda su momento más contemplativo, aquí son los sintes, golpeando como olas de un mar cósmico enfurecido, los que marcan el tempo de un track que busca a la vez la épica y el recogimiento, como en el material más planeador de Carl Craig (sin olvidar unos bajos dubbys y desintegrados por debajo, como un polvo sonoro que añade carácter a la pieza). En conclusión, Shed sigue a lo suyo: haciendo techno al que nada hay que reprocharle. No es tan experimental y visionario como siempre, aquí se aleja de sus momentos más sublimes, pero sigue siendo tan eficiente como se le ha de exigir. Mi consejo es que te lo compres.

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