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Álbumes

Bang On! Bang On![sic]

6.2 / 10

Pasotismo, hierba, clubs y tetorras. Digamos que a Bang On no le interesa demasiado la profundidad del alma humana. Sácalo de su querida Liverpool, sácalo de la pista de baile, sácalo del escote de una mujer con pezones de órdago y el pobre tipo parecerá una carpa intentando luchar por su vida fuera del agua. Eso sí, sabe rimar con la pezuña, tiene un filo de voz cortante que no está mal, acude a un flow machacón que suena como una lobotomía en verso y se desenvuelve como puede en un espectro de sonidos que va del dirty south rugoso al grime de guerrilla. Y ahí, en medio de la vorágine electrónica, flotan vaharadas de punk sucio, drum’n’bass guarro y psicodelia crunk; todo para hacer más llevadero el consumo de opiáceos y cannabis. No cambiará el mundo, claro, pero no se puede negar que el crío sabe cómo hacer más llevaderos los globos del personal.

En términos de destreza vocal y contenidos, Elliott Egerton no aporta nada especial a la escena hip hop británica. Por mucho que sienta el aliento de Big Dada desde detrás de las cortinas, no se aleja en absoluto del aroma quillo que caracteriza a la mayoría de nuevos rappers nacidos en Albión. Rima a toda pastilla, utiliza un slang muy cerrado, es irreverente porque sí y solo habla de gilipolleces adolescentes. Forma parte de una generación de rimadores perdida entre el hedonismo clubber británico y las ansias por mimetizar las maneras de los nuevos ricos del rap hipster americano. Es lo que tienen las modas y la banalización del hip hop. Ya pasará.

No obstante, es el suyo un cacao mental que, curiosamente, tiene cierta gracia aplicado a un envoltorio musical absolutamente desquiciado. “D’n’D” es un pastiche lleno de altibajos: del sonido sureño al grime porque el mundo me ha hecho así. “Ands High”, “Fuck Everybody” o “No Lift No Ladders” son fotocopias detalladas del libro de estilo de A$AP Rocky y Clams Casino: atmósferas drogotas, ritmos electrónicos pesados, sintetizadores lisérgicos, pestazo a codeína. Y el sonido predominante, el que podríamos calificar como ‘marca de la casa’, no parece esconder ases en la manga: “Munnys”, “Huztlin’” o “Suttin’ Like That” son cortes pesados, embriagantes, plagados de guiños al grime, provistos de bajos molestos y distorsiones callejeras maceradas en barrica barata. “[sic]” se hace digerible, incluso divertido, hasta que al de Liverpool le da por jugar con el punk. “Your Gay” es una aberración en la que conviven guitarras eléctricas grunge y subgraves dentados, y “Punk Donk” es una boñiga de rock tabernero aceleradísimo e insufrible; errores de bulto que embadurnan un tracklist titubeante.

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