1991 1991

Álbumes

1991 19911991

8 / 10

La frecuencia con la que actualmente leemos o escuchamos la palabra (que a la vez es el concepto) ‘hipnagógico’ es mucho más baja que en los dos años anteriores, lo que nos tiene que hacer pensar si aquella idea –o escena, nunca quedó claro si era una corriente estética más voluntariosa que fuerte–, que tuvo tanta fortuna en 2010, sigue igual de viva que antes. Es difícil de decir. Algunos de aquellos nombres –Ariel Pink, How To Dress Well, Ducktails, James Ferraro, etcétera– están actualmente en aventuras muy distintas, y el aspecto de unión para muchos de estos artistas, que era la obsesión con la década de los 80, su música y su espíritu mainstream filtrado a través del matraz de la nostalgia y el recuerdo borroso de los años de infancia, ya no parece ser tan crucial como lo fue durante un tiempo. En los casos de Ariel Pink y su giro hi-fi, o el de How To Dress Well, transformando el pop sacarinado envuelto en brumas del primer álbum en el R&B orgulloso y luciente del segundo, no hay mucha diferencia conceptual, pero sí formal. Y así podríamos ir uno por uno con todos los ejemplos que quisiéramos.

Pero aquí tenemos a Axel Backman, joven productor sueco que ha empezado a editar su música este mismo año –de momento con dos lanzamientos en cassette, uno titulado “High-Tech, High-Life” en Opal Tapes, el segundo, el que nos ocupa, llamado “1991” y disponible en digital también–, y lo que hace se corresponde punto por punto con el ideario estético del pop hipnagógico: sus piezas aparecen envueltas en una textura sedosa y espesa, sus ritmos se licuan y las melodías se filtran por todas partes con un eco fantasmal que, a la vez, transmite la inmediatez del pop más eufórico. Es cósmico y a la vez siniestro, y en lo que se refiere a la obsesión por los 80, ahí está “Open To The Dark”, una pieza que samplea visiblemente “Charlotte Sometimes”, de The Cure, y la tamiza por un filtro de difuminado y ruido borroso. Esta es una operación aislada en el conjunto de “1991”, pero altamente significativa: demuestra donde está su espíritu, conecta con aquellas prácticas hipnagógicas tan entrañables de antaño. Y luego está el resto del trabajo, que comprende un total de siete piezas (más un remix del emergente OND TON a partir de “Reborn Ice Horn”) que deambulan por un paisaje en sueños, trufado de ecos y sutilezas, a partir de un tejido ambiental y una dimensión espacial.

Si no existiera ese tributo a The Cure, 1991 podría pasar como un alumno avanzado de la escuela Boards Of Canada –los beats angulares sumergidos en una niebla densa, las melodías fugaces que, justo cuando se concretan, se desvanecen en el aire– o un posible fichaje de Daniel Lopatin para su sello. Hay momentos como “Fabric Of Space” que unen en su mecanismo la IDM armónica y las escapadas siderales de una manera deliciosa –aunque él no tiene problemas en enturbiar, como si el sueño se estuviera volviendo pesadilla, como ocurre en “Reborn Ice Horn” o “Domination Translates”, que parece haberse fugado de alguno de los momentos del “Rifts” de Oneohtrix Point Never. Y a la vez que demuestra fascinación por The Cure, también lo hace por el flujo cósmico de Tangerine Dream –un título como “Tangerine Lidl”, donde la melodía rebota como una pelota en un muro de frontón, es lo suficientemente explícito–, llegado a conseguir un tejido bien tramado y que acaba por narcotizar.

Posiblemente sea pronto para saber hasta dónde puede llegar 1991: su contratiempo es, precisamente, ser un epígono de una escena que ya parece haberse difuminado –mejor dicho, transformado en una constelación de talentos individuales con enfoques distintos entre sí–, pero demuestra más personalidad y talento innato que otros nombres que han ganado crédito en el underground últimamente –si se me permite, le considero más válido que Ssaliva, Napolian o Airbird, su música me resulta más íntima, su filtración por los poros de la piel es más rápida; quizá tenga mucho que ver con esto el master que le ha grabado Vessel–. Éste, qué duda cabe, es un mini-LP valiosísimo, una pequeña joya de belleza irreal que pasará desapercibida más allá de su público inmediato, pero que parece avisar de algo tremendamente grande en el futuro. Si hubiera que apostar por alguien para hacer grandes cosas en 2013, yo lo haría por 1991.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar