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Álbumes

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6.5 / 10

No son difíciles de ver, siempre que pueden se visten de cuero siguiendo los dictámenes otoñales del imperialista Amancio Ortega y lucen una pose de atormentadas que siempre vende. Sí, desde Inglaterra nos las han encasquetado como el nuevo hype de la temporada. Pero más allá de las artimañas 2.0., las hermanas Thurlow parece que saben cómo proyectar sus canciones a su target potencial. Precisamente, el mismo que como ellas, desde hace años, tanto puede machacar a The Jesus And Mary Chain o los primeros trabajos de PJ Harvey como colgar un póster de Shirley Manson en un alarde de enajenación transitoria. 2:54 no pretenden engañar a nadie. Sus señas de identidad están más que claras y, además, han sabido aprovecharse de la desazón innata de The XX (por algo les telonearán en su gira británica) aportándole vocales sensuales deudoras del dream pop y las justas dosis de shoegaze de fácil escucha al asunto. No hay más que escuchar “Watcher” para darse cuenta de que un dueto con Romy Madley Croft está a la vuelta de la esquina.

Lo tenían todo de cara si atendemos a algunos de sus avances, como aquel “Creeping” que ahora cierra el disco casi dos años después de ponerles en la órbita internauta. Pero hablando en plata, y con el álbum ya en nuestras manos, el factor sorpresa ha acabado diluyéndose más rápido de lo que a primeras podíamos imaginarnos. La culpa la tiene que la mayoría de sus nuevos temas parten de un mismo patrón que se mantiene inalterable con el paso de los minutos, lo cual hace que las canciones acaben sonando a calcos de sí mismas pese al atino en los tratamientos vocales y las punzantes percusiones que siempre les acompañan. La autocontención sonora, en casos como este, es peligrosa.

Resulta de lo más doloroso ver cómo una réplica de School Of Seven Bells se queda a medio camino a partir de buenas ideas. No obstante, lo que sí que nos da algo de esperanza con respecto a su futuro a medio y largo plazo son aquellos temas que, conscientemente, se alejan de su modus operandi. Esa “Sugar” con el bajo saturado tan Garbage que invita al baile controlado, o el melodrama gótico de “Revolving”, que funciona como apertura del disco, no hacen más que darnos la razón: si se desmelenarán algo más y no lo tuvieran todo tan estudiado podrían sorprendernos con mayor atino.

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