111 111

Álbumes

Eleven Tigers Eleven Tigers111

7.8 / 10

Eleven Tigers  111 ELEVEN TIGERS

Cuidado con Jokubas Dargis. A este mozuelo de mirada geek y hábitos antisociales le sale humo negro de las muelas. Su aliento huele a azufre. Fuego, camina conmigo. Los que ya abrimos la boca con su notable debut, “Clouds Are Mountains”, y vimos en el crío una capacidad innata para remover las cenizas del dubstep y facturar atmósferas vaporosas de fantasía marciana, sabíamos que este disco iba a ser grande. Y lo es. Mucho. Porque el lituano ha comprimido su fórmula hasta alcanzar una densidad mil veces mayor que antes, pero en el mismo espacio. Los resultados del colapso son claros: lo que parecía una enana blanca el año pasado, es ahora un agujero negro masivo del tamaño de un millón de soles.

Poderosamente influenciado por Burial, Eleven Tigers podría considerarse uno de los hijos más precoces del post-dubstep: dos cortos años le han bastado para emanciparse, encontrar una voz propia y abrir nuevos caminos en la escena (¿o deberíamos llamarla post-escena?). Lo ha hecho con una rapidez asombrosa y la inteligencia suficiente para que las comparaciones con sus referentes más inmediatos –William Bevan, Lone, Kode 9 y familia– sean irrelevantes. Las costuras de su sonido son gomosas, profundas y muy envolventes. Lejos de reducir la masa a sus componentes básicos, Dargis prefiere obturar los sentidos del oyente, inyectando ruido blanco, melodía emo y ecos industriales a chorro en sus construcciones poliédricas de bass futurista.

Ritmos cubistas que se enroscan sobre sí mismos, se estiran, se encogen y explotan como Peta Zetas en la boca. Sintetizadores esculpiendo muros de sonido ambientales que embriagan la sesera del peatón. Voces femeninas que parecen sacadas de una cueva subterránea. Frialdad technoide al servicio de un trazo nostálgico de pesadumbre electrónica. No es dubstep, no es bass, es lo siguiente. La imaginería experimental de Eleven Tigers se nutre de bajos retumbantes y esponjosos – “Cloud”–; de pesadillas abstractas con voces angelicales – “Wind”–; de pianos victorianos y cajas de ritmos que son como serpientes de cascabel cibernéticas – “Light”–; de polirritmias industriales con poso Artificial Intelligence – “Play”–. Le sobran recursos. Pero lo mejor es que la combinación de elementos, la textura plasmática de su material y la disposición barroca, asfixiante, de las pistas nos descubren nuevos surcos en la cambiante fisonomía del género bass.

Si ningún miramiento hacia la pista de baile, pese a recurrir muchas veces a esqueletos percusivos nerviosos, Dargis cocina en su marmita digital (y registrado en directo) un ponche de sensaciones inquietantes, nostalgia amorosa y nuevos sabores electrónicos. Los casi 10 minutos de “Night”, un viaje alucinante de graves titánicos, shoegaze, IDM, bass, ambient, pop y ruidismo, parecen grabados con una ouija en el espacio profundo. Es entonces cuando Eleven Tigers crea un falso vacío: donde parece que sólo hay frío, resulta que hay infinitos universos bebé naciendo y muriendo en fracciones de segundo. La música del Big Bang.

Óscar Broc

“111”

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar