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Álbumes

White Denim White DenimD

7 / 10

White Denim  D DOWNTOWN / COOPERATIVE

El título del último disco de White Denim, “Fits”, describía su música de manera perfecta. Con un déficit de atención propio de un bebé que se inyectara tartracina, van saltando de género en género y nunca esperan a que llegue el final de una canción para cambiar de registro. Ni siquiera esperan al final de un estribillo. Deliciosamente epilépticos, nunca puedes llegar a saber de verdad a dónde van a dirigir su próximo movimiento.

El problema con su síndrome de déficit atencional es que dan por sentado de que el oyente se va a tomar la molestia de seguir adelante pase lo que pase. White Denim tienen ganchos a porrillo, pero a menudo los tiran por la borda antes de que hayas tenido tiempo de saciarte de ellos, y siempre en favor de otra explosión virtuosa de Turbo-Prog. No cabe duda de que tienen la capacidad de escribir hits, y eso lo demuestra el uso de “Shake Shake Shake” en un anuncio de detergente en el que aparecen, cuán apropiado es, varios niños hiperactivos, pero a ellos parece que no les llame mucho la atención eso de tener éxito comercial.

Esto se ha vuelto algo problemático durante la creación de su nuevo álbum, “D”. Y quizá sea porque es el primero que hacen tras firmar con Downtown Records, un sello al que se le veían las ganas de explotar su potencial para fabricar hits. La banda, más acostumbrada a autoeditarse y a tener un control creativo absoluto, se acabó encontrando incómoda –no nos sorprende– en medio de todo esto. Luego, llegaron los desencuentros. Primero, el sello pidió que contaran con un cantante contrastado antes de permitir la publicación de “D” –que llevaba ya un año completado, según la banda–; seguro, se escogió la veraniega (y no demasiado espectacular) “Drug” como primer single de entre una lista previa de 15 canciones, pero les llevó entre “seis o siete” reescrituras antes de que en Downtown estuvieran plenamente satisfechos.

Más tarde, el sello envió “D” a hacer la mezcla final a un ingeniero que cuantizó todo lo que sonaba por allí. Así que White Denim recuperaron el master y descuantizaron todo lo que sonaba por allí. Mostraron su frustración por los innumerables retrasos con la publicación, vía internet a través de su web, gratis, y sin el permiso de Downtown, de una colección de temas viejos y nuevas improvisaciones titulado “Last Day Of Summer”. No nos consta que el sello quedara impresionado por su generosidad.

Ahora, “D” llega por fin como resultado de todas estas disputas, y es difícil discernir si en realidad hay alguna interferencia del sello, ya que la música suena cosquilleante y en forma, como siempre, saltando de las escalas al más puro estilo Clapton en su época en Cream en “Burnished” a una brumosa imitación de M. Ward en la amigable y tranquila “Keys”. Entre medias hay un solo de flauta que irrumpe sin avisar y da pie a “River To Consider”, cinco minutos de excursión bossa nova. Si aquí había un mapa musical, lo más seguro es que estuviera garabateado, luego roto en pezados y lanzado a la papelera más cercana.

A veces, los músicos tienen más oído del que se desprende de las canciones que escriben. El toque de percusión de Joshua Block es imaginativo a más no poder a lo largo de todo el disco, un flujo constante de bombos que se complementan con una inmaculada selección de címbalos. El juego de guitarras entre James Petralli y el nuevo miembro Austin Jenkins corta la respiración a menudo, y especialmente en ese instrumental al estilo Allman Brothers titulado “At The Farm”. La banda exhibe todos sus registros de la manera más efectiva en “Is And Is And Is”, que va variando de un puente melódico suave y mesmerizante a un estribillo apto para todo los estadios en el que Petralli berrea como si fuera el mejor Jack White.

De todos modos, White Denim se muestran casi siempre como si ellos se lo estuvieran pasando mejor que el público. Mientras el álbum es ligeramente menos caprichoso que en obras anteriores, y en el que prevalece un fuerte acento southern rock, muchas veces se acaban yendo por las ramas. La liberación reciente del rock progresivo de sus pomposas y presuntuosas mazmorras les ha venido muy bien, les ha animado a tomar desvíos cada vez más experimentales. Aún así, harían bien en recordar que hay veces en que menos es más. Queda poco de aquel single de debut, en una línea garage-pop, “Let's Talk About It”, algo que pudiera romper la línea con un momento de explosividad, y es una lástima.

De todos modos, tampoco podemos criticar a White Denim por haber bajado la guardia. Han resistido la presión de su sello y grabado un álbum correcto que conecta sus raíces tejanas con la ambición psicodélica y gran precisión técnica (en serio, ¿a quién se le ocurrió la idea de que era necesario cuantizar el sonido?). Y mientras sus influencias suelen ser completamente retro –Little Feat, Grateful Dead, Moby Grape–, su cadencia rompecuellos les propulsa mucho más lejos, si nos ponemos a comparar. Y todavía se les identifica como una “banda de improvisación”. Phish son una banda de jams, y no quiero que White Denim se conviertan en eso. Kudos por abriros vuestro propio camino, pero más vale que repesquéis ese mapa que tirásteis a la basura.

Kier Wiater Carnihan

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