w h o k i l l w h o k i l l

Álbumes

tUnE-yArDs tUnE-yArDsw h o k i l l

8.8 / 10

tUnE-yArDs  w h o k i l l 4AD

En el apañadísimo “BiRd-BrAiNs” de 2009, colección de viñetas dadá planteada como originalísima apropiación del lo-fi, se intuía a una valiosísima cantante pop. Su nombre, Merril Garbus, y aquel debut una joya que, aunque pasó medio desapercibida, sirvió para situar en el mapa a una versátil compositora. Ahora Garbus se suelta la melena del todo en esta extraordinaria continuación. “w h o k i l l” es un diamante en bruto que mantiene deliberadamente los errores y el trato doméstico que se gasta en la baja fidelidad, pero con el que Garbus aparta a un lado las cintas y los aparatos guardados en su habitación para alinearse junto a toda esa brillante manada de bedroom producers que venimos viendo saltar al estudio con todas las de ganar. Si en breve nos toparemos con otro sorpresón en ese sentido, los ingleses Metronomy, hoy las palabras floridas son para una jovial artista que, aquí y ahora, despega dispuesta a hacer correr ríos de tinta con su torrencial visión musical.

Garbus es una cantante en estado de efervescencia constante, una compositora con mil ideas por canción. Se la nota palpitar en cada tema y exprimir su talento con una pasión que llega al oyente prácticamente intacta, casi virgen. En “w h o k i l l” lo da todo en cada momento. Tan divertido como el primero de Micachu –a quien recuerda poderosamente en temas como “Es-So” y “Gangsta”– y tan puntiagudo como cualquiera de Dirty Projectors, es desde ya uno de los discos más importantes del año. Con él, el proyecto de tUnE-yArDs, ampliado ahora por el bajista y co-escritor de algunas temas Nate Brenner y por el productor Eli Crews (cómplice de osados músicos como Deerhoof, Why? o Subtle), convierte todas las letras minúsculas que sea necesario en mayúsculas palabras. Enfocando dardos soul y saltitos ska con la misma lupa con que Dave Longstreth mira a Laurie Anderson, aquí triunfa todo: los contrastes y las paradojas, las asociaciones aberrantes y la sinvergüenza teatral. Es un batiburrillo de sonidos pasado de rosca que nunca resulta grotesco, un repertorio que va tan por libre como los dedos de una mano pero que al mismo tiempo suena macizo como un puñetazo.

Los ingredientes son puras especias y la forma de cocinarlos sabrosísima. Hay un amor exacerbado por el pop y el R&B, implacables bombas rítmicas del calado de “Killa” o “Gangsta” y también letras atrevidas que vehiculan canciones protesta como “Doorstep”. El carácter guerrero recuerda al movimiento riot-grrrl, mientras que los motores de las músicas africanas y jamaicanas son los que impulsan hacia arriba la mayoría de la propuesta. “You Yes You” tiembla como lo hacían Talking Heads, mientras que “Powa” o “Riotriot” se mueven con tempos más ajustados que entran como la seda. Por momentos –no sé bien por qué ni parece importar– se desatan en mi cabeza conexiones hacia el nervio dislocado de iconos como Lizzy Mercier Descloux, lo cual sólo puede ser bueno. Y es que la imaginación se dispara sola frente a unos temas más locos que una cabra y tan camaleónicos como la voz que les canta. Garbus utiliza siempre su garganta con cacofónicos resultados, como un instrumento más. Quizá donde resulte menos impactantes sea en “Wolly Wolly Gong”, el tema más prescindible de todos por lo poco desbocado que suena y porque no parece retener el mismo conjunto de ideas que el resto. Sin embargo, incluso aunque los momentos más pasables tengan la forma de una canción entera, están destinados a olvidarse en cuanto suene la siguiente. “w h o k i l l” es flipante al completo, se mire por dónde se mire.

Cristian Rodríguez

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