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Álbumes

7L & Esoteric 7L & Esoteric1212

6.6 / 10

7L & Esoteric 1212 FLY CAUSAL CREATIVE

El boom bap es como el heavy. A la mínima que algún artista trata de salirse de los márgenes sonoros y conceptuales afines a la escena y ese movimiento no le sale bien, los headz sacan la guadaña y le sentencian casi de por vida, dejando una última oportunidad redentora a los pecadores de la ortodoxia para reconducir su camino y volver a la senda de la que nunca debieron huir. La fidelidad tiene un precio, y en ese sentido los públicos del metal y del hip hop underground más cuadriculado tienen más similitudes de las que ellos mismos querrían. Unos analizan la traición en función de cuantos coros R&B, cuantas producciones electrónicas y cuantas letras anodinas se han añadido a ese discurso otrora rocoso y los melenudos plantean sus particulares reglas de tres en relación a si el cantante de una banda thrash se ha cortado el pelo, si se incluyen más baladas de las tolerables en un disco o si la batería ha reducido su velocidad.

A 7L & Esoteric, dueto que encabezó la revolución underground del rap de Boston a mediados de los 90, les ha sucedido eso, precisamente. Iniciaron su trayectoria como un potente y muy aguerrido representante del boom bap de nuevo cuño, con dos discos que sabían recuperar ese sonido sucio, rugoso y agresivo que pedían las calles, “Dangerous Connection” y, sobre todo, el debut, “The Soul Purpose”, pero a medida que su estatus no crecía y su discurso perdía fuerza y vigor los fans empezaron a girarles la espalda. “DC2: Bars Of Death” y “A New Dope” nos mostraron a un tándem que ansiaba evolucionar y abrir sus canciones a nuevas ideas y frentes estéticos, con un trabajo de producción menos integrista, con letras más frívolas, domésticas y desconectadas del hip hop de batalla y con una idea más consensuada que pudiera abrirles el mercado. El plan fracasó estrepitosamente desde cualquier punto de vista: artísticamente eran grabaciones dispersas, endebles y poco creíbles; las cifras de ventas apenas crecieron o mejoraron; y, como consecuencia de todo ello, se instaló un notorio descontento entre aquellos fans más puristas y exigentes que les habían apoyado desde los lanzamientos de sus primeros 12”s.

Así pues, y tras el también fallido intento en solitario de Esoteric, la banda decidía reunirse de nuevo este año para grabar ese disco con el que recuperar el crédito perdido y volver a ganarse la confianza de los headz, que a fin de cuentas siempre fue su público potencial. “1212” nace con esa idea clara y muy marcada, lo lleva escrito en la frente. Adiós a los samples de bandas sonoras de los 60, adiós a los aires de thriller, adiós a los insertos cómicos, adiós a las letras absurdas y casi costumbristas, adiós a las producciones accesibles, adiós a esa mirada casi naïf. Para su regreso cuatro años después de “A New Dope” la banda ha apostado por retomar su faceta más contundente, austera y bombástica. El tono es serio, enfadado, comprometido y consciente de la situación, de ahí que la selección de beats, cocinados a medias entre ambos más una aportación solitaria de Statik Selektah, no se permita lujos ni concesiones. Ritmos para agitar la cabeza, loops oscuros y muy simples, bajos poderosos y estribillos scratcheados establecen la fórmula que la gran mayoría de sus fans les estaban pidiendo. Parece un disco hecho a medida, más interesado en contentar a sus oyentes que a ellos mismos.

Las rimas de Esoteric también parecen escritas a la carta, pues en ellas vuelve a asomar ese MC de pelea, bravucón y altivo en la contienda que enganchó a los más ortodoxos hace ya una década y que protagonizó beefs de altura con The Weathermen, El-P y compañía. Y así, haciendo caso de las quejas y reclamaciones del respetable, les ha salido un álbum muy competente, con dos o tres momentos de altísima gradación boom bap – “12th Chamber”, con Inspectah Deck; o “Bare Knuckle Boxing”, con Ill Bill, Vinnie Paz y Reef The Lost Cause, por ejemplo–, y con esa regularidad y constancia que se echaba de menos en sus dos predecesores. Pocas quejas, pues, en ese sentido: “1212” es un álbum escrito, pensado y ejecutado para satisfacer una demanda muy concreta y se puede decir que en esa cuestión sale bien parado. Otra cosa es que en pleno 2010 la escena boom bap pueda presumir de otros representantes más ambiciosos, valientes, frescos y perfeccionistas –de Black Milk a Nottz pasando por Roc Marciano, Bink o el mismo Statik Selektah, entre muchos otros– que han sabido modernizar y reactualizar el viejo y áspero sonido de los 90 y cuyo legado reciente convierte un buen disco como “1212” en un ejercicio de estilo vintage sin excesivas posibilidades de supervivencia.

David Broc

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