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Álbumes

Supersilent Supersilent10

8.1 / 10

Supersilent 10 RUNE GRAMMOFON

Cualquiera que haya conocido a Supersilent con alguno de sus primeros discos, y que le haya perdido la pista durante algún tiempo, no reconocerá en su décima entrega (titulada “10”, como ya es tradición) muchas de las características que hicieron grande a esta célula de avant-jazz con base en Noruega. Existe una razón poderosa, y es que el batería de la banda, Jale Vespestad, abandonó la nave tras la publicación de “8”, hace ya tres años. Un golpe bastante duro, ya que eran las filigranas rítmicas de Vespestad las que abrían el camino para que sus compañeros (el trompetista Arve Henriksen, el teclista Ståle Storløkken y ese mago de la electrónica que es Helge Sten) desataran todo tipo de violencias, a veces físicas, casi siempre mentales, sobre los incautos oyentes.

Superar semejante pérdida ha obligado a los tres miembros restantes a replantear el futuro de la banda; un futuro en el que nunca se llegó a considerar la sustitución de Vespestad por un nuevo percusionista (y no sólo por la dificultad que entrañaría encontrar otro músico igual de versátil, sino porque la particular manera de trabajar que tienen en Supersilent incluye entrar al estudio de grabación sin ningún tipo de preparación previa, confiando tan sólo en la complicidad que los músicos han llegado a desarrollar). Antes bien, se trataba de investigar nuevas posibilidades, de buscar caminos alternativos en los que el sostén rítmico no fuera tan importante. Una búsqueda que en su penúltimo disco ( “9”, editado el año pasado) afrontaron por la vía del reduccionismo, al utilizar varios órganos Hammond como única fuente de sonido para elaborar un disco que era pura introspección, pero que a duras penas conseguía superar su condición de artefacto coyuntural.

Mucho más variado en lo cromático, aunque no mucho menos sombrío (los chicos no son precisamente la alegría de la huerta), “10” es un disco que recupera el espíritu de la banda mediante la paradójica estrategia de dejar mucho espacio a los tres músicos, que han decidido expresar sus individualismos en detrimento de una creación colectiva. Es también un disco de naturaleza sorprendentemente acústica: Storløkken abandona sus sintetizadores para concentrarse en un piano de cola, Henriksen toca su trompeta sin apenas artificios ni efectos y Sten proporciona fondos repletos de oscuridad y opresión (cercanos, por momentos, a ese infierno privado que hace llamar Deathprod) y arreglos de guitarra no demasiado sucios. Y el resultado es una colección de piezas cortas (otra novedad en el universo Supersilent) que bascula entre la melancolía, cuando es Storløkken el que lleva las riendas del asunto (sobre todo en la primera mitad del disco, en temas como “10.1” o “10.4”), y una curiosa sensación elegíaca cuando Henriksen toma el mando, como en las cálidas “10.3” o “10.6”. Los mejores momentos, eso sí, se producen cuando los tres músicos establecen un diálogo fluido: sobre todo, cuando el piano y la trompeta se persiguen en “10.8”, elaborando florituras sobre una suave base ambiental. Un auténtico vértice climático tras el que llega el sombrío final del disco ( “10.9”, “10.10”, “10.11”), en el que pianos y trompetas van abandonando poco a poco cualquier atisbo de melodía para limitarse a dejar caer notas deslavazadas, apuntes cromáticos que brillan con luz tenue sobre los ominosos ambientes que levanta Sten. Una sensación desoladora, plena de tristeza, a la que contribuyen los arreglos atonales, los pianos grávidos, las fantasmales trompetas que dan cuerpo a “10.12” y despiden al oyente mientras se adentran en un mundo de tinieblas.

Claro que más allá de todos los descubrimientos formales que contiene (que son muchos, y muy buenos), lo mejor de “10” es que supone un nuevo comienzo para una banda única en su género. Una banda que, por cierto, no parece dispuesta a perder el tiempo ahora que ha vuelto a encontrar la senda de la inspiración. Y es que antes de que acabe el año está previsto que vean la luz tres entregas más de Supersilent: “11”, que aparecerá sólo en vinilo, recopila varias pistas que la banda grabó durante las sesiones de “8”, pero que nunca llegaron a ver la luz (se trata, por tanto, de temas en los que participa Vespestad); “12” incluirá temas grabados durante las mismas sesiones que “10”, pero retocados con posterioridad, y por último “100”, el más exclusivo de estos lanzamientos, formará parte de la edición limitada (muy limitada: sólo se editarán cien copias) de “ Twenty Centuries Of Stony Sleep", la recopilación con la que Rune Grammofon celebra la publicación de sus cien primeras referencias, y sacará a la luz un mítico concierto que la banda dio en la sala parisina Batofar, allá por el año 2000. Malas noticias para los seguidores de la banda, en fin, que no van a tener más remedio que pedirle imposibles a sus tarjetas de crédito.

Vidal Romero

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