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Álbumes

Die Antwoord Die Antwoord$O$

8.3 / 10

Die Antwoord $O$ INTERSCOPE-UNIVERSAL

Había una vez, en una galaxia muy lejana, un grupo de blanquitos procedentes del campo de las bellas artes (planeta Sudáfrica, para más inri) que decidió desarrollar un proyecto artístico sin parangón. No se trataba de una performance existencialista con un maniquí perforado analmente por dos pepinillos en vinagre. Tampoco era su intención cortar al pastor alemán de la serie Rex como si fuera un salchichón y meter sus rodajas en una piscina de formol. Nada de eso. A diferencia del 90% de sus colegas artistas con ganas de trascender, estos tipos se tomaban la vida por el pito del sereno, de modo que se sacaron de la manga un proyecto imaginario llamado Die Antwoord (La Respuesta, en traducción del afrikaans al castellano) y crearon una deliciosa pantomima metiéndose en la piel de una panda de raperos folla-cebras de la Sudáfrica más piojosa, una aberración estético-sonora de gueto sucio que ni la peor inmundicia con el mínimo entendimiento humano pudiera soportar. Y dieron el pego cosa fina.

Aquello era pura histeria. Decidieron levantar un culto musical sobre la Biblia negra de lo que se conoce como zef rap –es decir, una quillada con denominación de origen sudafricana, concretamente de Ciudad del Cabo, que haría que el favela rap encajara perfectamente en la banda sonora de Bob Esponja–. Sus canciones, mezcla de humor, machismo, crónica callejera, enajenación, ninfomanía y drogadicción severa fueron introducidas a presión en un aceitoso falafel de música rave, gangsta rap, electro farlopero, percusión africana, hardcore chungo, coros garrulos y sintetizadores rumanos. Y comenzaron a sacar en la red unos videoclips de hacerse la caca, piezas de orfebrería electrochoni para la Hermandad de la Basura que han cosechado unas cifras de visitas escandalosas y han convertido al grupo en un fenómeno real que casi todos dieron por hecho. La estética quinqui-raver llevada a su máxima expresión, los tocamientos en los genitales (increíbles los calzoncillos de Ninja, con la portada del “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd estampada en la bragueta y lo suficientemente holgados para poder hacer molinillos con el pene), el humor porrero, los beats guarros, las referencias sexuales, el punto hardcore, el kung fu: quién sabe lo que atrajo al vulgo hasta este pozo de basura, pero lo cierto es que en muy poco tiempo Die Antwoord han pasado de ser una gran broma a convertirse, gracias a la propagación viral, en un fenómeno cool.

Y las discográficas, que son como el ojete en llamas de Sauron, que todo lo ve y todo lo caga, decidieron lanzar la red y sacarlos de la poza virtual para hacerles hombres de verdad. Interscope-Universal les abrió sus puertas. Y el disco que otrora tenían colgado en su web para descargas gratuitas se esfumó y fue recompuesto en versión especial para el mercado americano, británico y europeo, donde se han confirmado como una de las abominaciones más apetecibles del alcantarillado electrónico, una abominación, por cierto, en la que hasta los más grandes quieren mojar pan. Aphex Twin ya les ha echado el ojo. Si no os lo creéis, preguntad a los asistentes al set de Sir Richard D. James en el London Electronic Dance Festival de este año, donde nuestros chicos salieron a compartir escenario con el maestro disfrazados con lo parecía un traje de Pikachu con cirrosis.

Así, montados en este carrusel de delirios, conjunciones cósmicas, personajes inventados y música para amantes del chándal y la cadenaca, nos encontramos entre los dedos un traca de petardos con fuerte aroma axilar de basura blanca sudafricana; un disco que es puro choteo garrulo sin red. “$O$” no está hecho para los que consideran el negocio de la música un escenario de nobleza y sentimientos. Die Antwoord se ríen hasta de su puta madre y tampoco son lo que parecen. Eso sí, los sonidos rave les pirran, como se puede comprobar en los minutos escondidos al final de “Doos Dronk”. También les pone cachondos el rap violento hecho en el garaje. “In Your Face” es como si NWA, los Snorkels y Jan Hammer hubieran hecho una canción juntos. “Enter The Ninja”, su hit más celebrado hasta la fecha, recoge el legado de Aqua y Marusha –los coros de Yo-Landi Ve$$er son puro “Barbie Girl” a lo Quasimoto mezclado con “Over The Rainbow”– y lo retuercen hasta convertirlo en una puñetazo de rap quillo con sobredosis de sintetizadores de desguace. “Wat Kyk Jy” es esplendor chav de navaja y cazadora bomber, es rave a las 10 de la mañana en un vertedero peruano, es rap arrabalero con halitosis. “Evil Boy” –no os perdáis el vídeo– reúne las constantes de su discurso: teclados horteras, berridos ininteligibles en los coros, ritmos de barriada brasileña controlada por los narcos de la coca, olor a after shave barato y a chumino mal lavado: brutal.

Lo que han hecho estos tipos es meritorio. Y no sólo por su música, qué coño: también por sus pintas. Ninja, la figura del rapero líder, es como un clon yonqui de Vanilla Ice con cara de un boxeador francés y dos piños de oro. El DJ, un tal Hi-Tek, parece un instructor de gimnasio nazi en la era digital. Pero, sin duda, el principal foco de atención es la perica anoréxica que responde al nombre de Yo-Landi y parece la hermana flaca y bastarda de la marine Vásquez de “Aliens” en versión raver –esto es, con liendres, cara de malas pulgas, apetitosas ubres y una vocecilla de helio que la convierte en una especie de pitufa crustie de lo más sensual–. Me gusta esta gente. Están todos locos. O a lo mejor lo hacen ver. A estas alturas de la película ya da igual. No importa si son basura blanca o lo suyo es una pantomima orquestada por gente de la performance y el timo del arte contemporáneo. Da igual todo, coño: si incluso Leonard Nimoy siempre fue un don nadie, pero cuando se ponía dos cucuruchos en las orejas y separaba los dedos de la mano en forma de uve, el personal hacía palmas y le llamaba dios. Así que ya saben, cualquier parecido con la realidad es puTa coincidencia.

Óscar Broc

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