4, 5, 6 4, 5, 6

Álbumes

.snd .snd4, 5, 6

9 / 10

SND

Parece que hace toda una vida, pero apenas ha pasado un lustro desde la época de los clicks'n'cuts, esa estética "post-digital" que concedía al crujido de un CD encallado un papel protagonista, y que ha terminado por convertirse en la última revolución interesante que ha sacudido la escena de la música electrónica. Una revolución tan intensa como corta, que murió por sobredosis (hacia 2003 TODO era clicks'n'cuts), y que también funcionó de manera vírica: no sólo dejó en herencia una constelación de géneros y subgéneros que hacen del glitch bandera, sino que también infectó a artistas de todo tipo, que introducirían el error digital en el pop y la música de baile, en el hip hop y hasta el mainstream. Desde entonces, y fruto del desinterés, los artistas que protagonizaron aquella revolución han desaparecido, andan en otras cosas o han evolucionado hacia estadios superiores, mucho más radicales. Al menos casi todos, porque los británicos .snd acaban de poner en las cubetas un triple vinilo que recupera y (sorprendentemente) actualiza el dichoso sonido. La sorpresa es doble porque a .snd ya no los esperaba nadie: su anterior disco, " Tender love", vio la luz en 2002, cuando el género estaba en su momento de mayor apogeo (al borde mismo de la decadencia, es decir), y desde entonces sólo habían asomado la nariz para publicar el homónimo disco de Blir, un (estupendo) proyecto de minimal techno que, cosas de su naturaleza obtusa, vio la luz en Raster-Noton. Tal vez por eso, el contenido de " 4, 5, 6" no resulta continuista ni nostálgico: en la paleta de elementos utilizados por la pareja siguen estando presentes los chasquidos digitales, esos blips y clonks tan reconocibles, lejos de las estrictas geometrías, habituales en el género, las pistas parecen fluir de manera azarosa, cambiando a cada compás de velocidad y timbre, centrándose antes en los aspectos dinámicos, en la coloración y calidad del sonido, que en la construcción estructural. Pistas que, de ese modo, adquieren un extraño carácter humano, emocional y evocativo, mucho más cercano a la música improvisada que a la electrónica. Y eso sólo puede ser bueno.

Vidal Romero

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