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Álbumes

Susanna And The Magical Orchestra Susanna And The Magical Orchestra3

7.6 / 10

Susanna And The Magical Orchestra RUNE GRAMMOFON

Susanna And The Magical Orchestra pudieron haber sido carne de hilo musical con su anterior disco, “Melody Mountain” (Rune Grammofon, 2006), y todo por un puñado de versiones bien ejecutadas, pero sacadas a la luz en el momento más inadecuado. Aquel trabajo pareció en su momento una extensión natural de “List Of Lights And Buoys” (Rune Grammofon, 2004), un debut que podría describirse como espectral, pero que entre sus canciones iluminadas con un culo de vela tibia asomaba una versión, “Jolene” (Dolly Parton), que parecía reclamar una extensión de la fórmula. Lo siguiente que hicieron Susanna Wallumrod y su escudero Morten Qvenild, pues, fue echar mano de títulos como “Love Will Tear Us Apart” (Joy Division), “Hallelujah” (Leonard Cohen) o “Enjoy The Silence” (Depeche Mode) para cubrirlas con ese tinte que ya era marca del dúo noruego: alma siniestra, letras susurradas con un temblor de noche fría, quietud. En sí mismo, aquel disco habría sido un apetecible ejercicio –y lo era–, pero con la desagradable coincidencia de la existencia de Nouvelle Vague haciendo lo mismo pero en bossa nova.

El lugar para Susanna And The Magical Orchestra era el de un club nocturno con poca iluminación y un público sonámbulo, dispuesto a dejarse hipnotizar por notas secas de piano eléctico, una electrónica tenue y la voz de la Wallumrod, que es como la de una Kate Bush sin picos de agudos. Pero “Melody Mountain” un poco más y les lleva a restaurantes de nouvelle cuisine en hoteles de cinco estrellas –poco antes habían estado en la programación recóndita del Sónar–. No era el camino, y este “3”, con el dúo ya dado por asumido que el anterior fue un buen disco que llegó en un año inoportuno, ayuda a enderezarlo por la vía que marcó su primera colección de canciones. Como en “List Of Lights…”, aquí sólo hay una versión: es “Subdivisions”, firmada originalmente por Rush –con un toque Yazoo que añade simpática ironía–, y también subraya todos sus minutos la producción silenciosa de Helge Sten, o sea, Deathprod, que siempre ha sido el tercero en la sombra en este dúo de magia negra. Con lo cual, Susanna And The Magical Orchestra avanzan hacia su lugar natural, menos interesante para el oyente ocasional que les descubrió por versionar a Ian Curtis, pero curiosamente otra vez engarzado en una actualidad que esta vez puede jugar en su favor.

Ahora que mujeres borrascosas y temperamentales como la antes citada Kate Bush vuelven a estar en boca de todos –gracias a Florence Welch, Marina Diamandis o Natasha Khan–, Susanna puede encontrarse cómoda en un contexto favorable hacia la canción pop arty con un fondo fangoso. En “Lost” o “Someday” borda la torch song, deja una sensación de tristeza estacional y se apodera de la habitación tejiendo una capa de silencio entre las notas y sus suspiros. Como mucho, los errores que se le pueden achacar a “3” serían de escritura en las canciones: el desacierto de no redondearlas con alguna melodía del todo memorable, o de añadir algún arreglo que enfatice –en lugar de disimular de forma huidiza– los muchos instantes en que las canciones obligan a estirar y agrandar la oreja, con cuerdas majestuosas. Pero entonces, Susanna ya no sería Susanna, porque sería Antony & The Johnsons. Asunto menor teniendo en cuenta que la noruega ha encontrado su voz y que Morten ha vuelto a dar con la instrumentación disimulada que requiere esta estética casi funeraria. Sería un alivio si Isabel Coixet no les descubriera nunca.

Albert Lista

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