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Álbumes

Nouvelle Vague Nouvelle Vague3

6.5 / 10

Nouvelle Vague  3

PEACEFROG

Hace cinco años, un grupo de franceses llamados Nouvelle Vague decidió dar rienda suelta a su vena homenajeadora reversionando algunos temas capitales del pop y la new wave ochentera a base de bossanova y tintes (cuanto menos) chill out, a pesar de los numerosos recopilatorios que durante los últimos años habían invadido las estanterías de medio mundo recreándose en hilos musicales de centros odontológicos y chiringuitos playeros antiestrés, si me apuran. Su debut allá por 2004 cayó en gracia (las cosas como son), pero antes de que cualquiera pudiese pronosticarlo, “Bande À Part” acabó agotando una fórmula que, dejando el efecto sorpresa a un lado, poco o nada tenía que aportarnos a nuestras vidas. Como no hay dos sin tres, su retorno mantiene intacta las intenciones, pero al menos han dejado a un lado (sólo ocasionalmente) ese rollo tropicalista de sus anteriores álbumes para apostar por sonoridades a caballo entre el country folk y el bluegrass codeándose, a su vez, con invitados de lujos que hacen de este “3” una vuelta de tuerca a lo que nos habían demostrado con anterioridad.

Partiendo de la base de que nos enfrentamos a un buen puñado de covers, la única crítica defendible (aunque algunos consideren a sus mentes pensantes, Marc Collin y Olivier Libaux, unos farsantes de la composición a la vez que oportunistas de postín) recae en el hecho de si las reinterpretaciones de estos francesitos igualan, superan o bien suponen un homicidio en primer grado de sus originales. Aunque con la melancólica voz de Melanie Pain “Master And Servant” ( Depeche Mode) aguanta el tirón, convertida en un medio tiempo de botas camperas con la ayuda del propio Martin L. Gore a los coros –que, a pesar de no encontrarse físicamente en París durante la grabación del álbum, no puso ningún reparo en dejar su granito de arena desde el otro lado del charco–, “Blister In The Sun”, originalmente de Violent Femmes, se trasmuta en una delicada happy song de aires pop que, de momento, hace que su troupe (aunque la propia Camille, después de probar las mieles del éxito en solitario, se haya desvinculado del proyecto) continúe sorprendiéndonos gratamente. Pero eso sí, en contadas ocasiones, como en las versiones que se marcan del “The American” de Simple Minds, sonando mucho más efectiva que su original (lo siento de todo corazón por Jim Kerr y compañía) o la introspectiva a la vez que sugerente mirada que la propia Pain junto a Ian McCulloch aportan a su clásico de Echo And The Bunnymen “All My Colours”.

A pesar de las buenas intenciones, el masaje verbal se esfuma (y con razón) cuando intentan vendernos esa reliquia atemporal que supone “Ça Plane Pour Moi” de Plastic Bertrand después de pasar por la coctelera del ska (innecesario es poco, y más teniendo en cuenta la flamante reinterpretación que se marcaron del mismo tema Sonic Youth), o con un “So Lonely” que habrá provocado que el propio Sting se haya hecho el hara-kiri (y si no, tiempo al tiempo) o eliminar vilmente toda la furia que el mismísimo Rotten impregnó a su “God Save The Queen” convirtiéndolo en un tema que le iría que ni pintado a nuestra Russian Red o a cualquier cantautor ralentizado. Dejando a un lado sus momentos de flaqueza monótonos a no más poder, Terry Hall (de The Specials) junto a la seductora Marina Celeste en ese cover de “Our Lips Are Sealed” de The Go-Go’s, y la más que grata visita de Barry Adamson con Nadeah Miranda en “Parade” (sonando sobradamente más estremecedora que cuando Magazine nos la presentara en plena fiebre post-punk en “Real Life”) nos devuelve a unos Nouvelle Vague momentáneamente inspirados y capaces de despellejar efectivamente temas que todos rememoramos con cierta melancolía en nuestro cerebelo.

En su conjunto es del todo imposible que llueva a gusto de todos, ya que la cojera (sea por el nulo riesgo que han impregnado a sus covers, o por la poca trascendencia del proyecto en sí) se hace más que palpable. Pero inevitablemente, después de oír este “3” a cualquiera (les invito amablemente a que prueben de hacerlo en sus casas) puede caerle en gracia algunas de las versiones que este grupo de parisinos se marcan de una época cuya nostalgia sigue aún al orden del día. Teniendo en cuenta que su anterior álbum los rebajó drásticamente de aquel alto listón que se autoimpusieron, lo cierto es que su nueva entrega hace que volvamos a creer (aunque sólo sea por momentos) en una propuesta por la que pocos, a priori, hubieran apostado ni un mísero céntimo.

Sergio del Amo

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