G I R L G I R L

Álbumes

Pharrell Williams Pharrell WilliamsG I R L

4.8 / 10

En el plano físico, el tiempo no pasa para Pharrell Williams. La coñita, no por recurrente, es menos cierta. El productor le ha arrebatado el tocador a Isabel Preysler o tiene la mejor genética del planeta. Cuando reapareció en todas las cadenas y radios musicales del espectro junto a un señor que se parecía demasiado al padre de "Los Problemas Crecen" y unas cuantas titis semidesnudas, Pharrell tenía exactamente el mismo aspecto que en 2006. Fue en 2006 cuando se le perdió la pista a su carrera en solitario con "In My Mind". La gente familiarizada con la carrera de The Neptunes y N*E*R*D recordarán la excelencia de ese disco. Para aquellos que no conozcan el excelente pasado musical de Williams, seguro que alguna vez han oído (ha sido sintonía de muchos cortes publicitarios de la MTV) "Can I Have It Like That". Volvedla a escuchar, mordeos el labio y dejaos bañar por esa sobredosis de lascivia y elegancia que haría bajarse las bragas hasta a las hermanas Flos Mariae.

Ahora escuchemos "Happy", el single principal de "G I R L", el que optaba a Oscar hace una semana. El tiempo no ha pasado en el plano físico para Pharrell, pero sí ha pasado en el cacho de cerebro que usa para hacer música. Pharrell, como productor, se ha hecho viejo. Y no solo lo demuestra "Happy", que podría tomarse como una concesión por tratarse del tema principal de una película para niños. No, lo demuestran los 10 cortes de este disco, todos una oda al revival perpetrado por los best sellers de 2013 -Justin Timberlake primero, Daft Punk después- a base de presupuestos mastodónticos y colaboraciones de copete. Si Pharrell Williams ha sido y era (hasta que este "G I R L" ha pisado las estanterías) un hombre en la cima del negocio musical era por su visión futurística. Y, cuando se saltaba esta máxima, el revival tenía un punto gamberro y transgresor la mar de atractivo (como ocurría con "Fly Or Die" de N*E*R*D).

Aquí no hay ni ápice de riesgo, ni rastro de gamberreo y, muchísimo menos, de futuro. Algunos de los cortes parecen incluso intentos de plagio de sus propios éxitos anteriores. En "Come Get It Bae", con Miley Cyrus, no se corta un pelo en intentar repetir el éxito de "Blurred Lines"; "Marilyn Monroe" y "Gust Of Wind" despilfarran arreglos de cuerda para ejecutar funk casi inofensivo y desinfectado, como inofensiva es la slow jam "Gush". El combo Justin Timberlake y Timbaland aparece en "Brand New" para resucitar (por enésima vez) a Michel Jackson. En "Hunter" el falsete perpetuo no casa con la letra ni con el desenfado rítmico. A los Bee Gees les funcionaba, podían ir de cazadores de mujeres con ese tono vocal, pero porque había el doble de ímpetu. Y en "Know Who You Are", en el tramo final del disco, el falsete ya empalaga.

El único corte en el que no hay arreglos, ni colaboraciones, ni créditos, es precisamente el más real del disco. "Lost Queen" es la única concesión que Pharrell ha hecho a su propio estilo, aparca el falsete y se saca un beat plagado de samples vocales, shakers y espíritu de eterno joven que las olas de mar se llevan para transformar el corte en bonita balada loopeada que se va creciendo según avanza. Y "Lost Queen" no es lo único bueno de este disco, que suena a gloria (¡sólo faltaría!) y que tiene unos arreglos fantásticos y que calca a la perfección música pretérita de una calidad espectacular. Pero adolece de riesgo por los cuatro costados, huele a conservadurismo, a corrección política de la América más rancia y lobotomizada, a Tea Party de barbacoa en los Hamptons; y esto, en alguien como Pharrell Williams, es una fechoría imperdonable, un pecado capital.

San Miguel te trae este contenido.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar