V V

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Van She Van SheV

7 / 10

Van She V MODULAR

¿Hay vida en Australia, más allá de koalas, capibaras, canguros, y otros mamíferos de esponjosa procedencia? ¿Se exporta algo más que actrices pelirrojas que se divorcian y ponen cara de susto permanente cuando interpretan, directores de cine con más pluma que un pavo real y que a la primera de cambio te hacen un musical con canciones de The Police y de Elton John? Si en los ochenta, bandas como The Church, Midnight Oil, The Bats, INXS o Crowded House pusieron al continente en el intermedio y difuso límite que separa el mainstream del indie, este segundo lustro del nuevo milenio nos está deparando una serie de gozosas bandas australianas que parecen tomar el relevo del ya cansino revival post punk y, que de paso, barren de las discotecas la dictadura mortecina y aburrida que el minimal estaba ejerciendo (ya incluso invadiendo terreno pop-indie, con la inclusión de gente como James Holden entre el playlist de los diyeis residentes) en el mundo de la fiesta. Hablamos de gente saltarina como Pnau (y su proyecto paralelo Empire of the Sun), tremebunda y pseudogótica como The Presets, nuravera como Sneaky Sound System, soulera como Sam Sparro o Van She. Estos últimos se conocieron a raiz de un anuncio que lanzó la revista Drum Media Magazine y al que cada uno respondió por separado. Una vez allí, se dieron cuenta que en realidad buscaban a un vocalista para una banda de Doom Metal. Una cruel broma que les resultó muy provechosa, lanzando un EP que cosechó cierto éxito en el circuito independiente. " V" es el título de su larga duración: una colección disfrutable aunque poco definida en la que lanzan dardos que se clavan en el shoegaze, el dream pop, el synthpop y el indie de guitarras y electrónica saltarina. Es un disco que claramente define el signo de los tiempos: la gente joven tiene demasiada mierda encima para andarse con tonterías de baile sesudo, de formas angulares y rocosas, científicas. Quieren canciones que se peguen al segundo y poder cantarlas de memoria justo cuando se ha escuchado por segunda vez el estribillo. Y eso ocurre con hitazos tan inmediatos como “Changes” (puro Phoenix con estribillo emocional), “Strangers” (new wave con bajo trotón incorporado y orgía de teclados en el estribillo), “The Sea” (shoegazer de quilates, robusta y aparentemente impropia de un grupo de tal juventud), “Talkin'” (French house con vocoder incorporado) y “Kelly” (la joyita synthpop del conjunto). Se le puede reprochar un comienzo un tanto taciturno, porque empezar con dream pop despista y hasta puede aburrir al extremadamente paciente. Pero a partir del corte tres, " V" se anima cosa bárbara y da tanto gustito como lo que, figuradamente, hace uno de los protagonistas del libreto del disco.

Antonio Bret

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