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Savath y Savalas Savath y SavalasLa llama

7.3 / 10

Savath y Savalas  La llama STONES THROW

Existe la teoría de que, en algún momento de su carrera, a Guillermo Scott Herren se le giró la cabeza y se volvió hippy. Pero se puede creer en una realidad distinta: Herren siempre fue hippy, o cuanto menos siempre tuvo la psicodelia en su organismo. Más de una vez ha declarado en entrevistas, sin pudor, que la parte central de su extensa producción no se puede entender sin el consumo de drogas –fármacos y yerba, fundamentalmente–, y esa manera de entender la música como una alteración de la psique, en su caso calmante, o como un paisajismo sin descanso ya se encontraba en lo primero que grabó, cuando todavía era un pimpollo IDM con el proyecto Delarosa & Asora, y especialmente en aquel primer disco de Savath & Savalas en el sello Hefty, “Folk Songs For Trains, Trees And Honey” (2000), que sonaba a road movie que atravesaba praderas con pinceladas ambient muy bien puestas. Ahí, Herren ya era en cierto modo un beatnik –que es el estadio previo al hippy–, un Kerouac electrónico, pero disimuló muy bien sus inquietudes porque el alias que se al final llevó el éxito fue Prefuse 73, el de su hip hop fragmentado, sintetizado y también panorámico.

Esta teoría de que en algún momento de su carrera Guillermo Scott Herren se volvió hippy no puede pasar por alto su estancia de varios años en Barcelona: un modo de vida bohemio –hasta entonces, en Miami, Atlanta y Nueva York, Herren era pobre como una rata, un compositor torturado e incomprendido que malvivía en un agujero– en el que aparecen las terrazas, el sol abundante, un caos urbano más tolerable, y también compartir espacio con Eva Puyuelo, la colaboradora con la que Herren consiguió dar un giro a Savath & Savalas: de proyecto propio a grupo en colaboración, y con un gusto particular por el folk. “Apropa’t” ( Warp, 2004) fue el antídoto contra Prefuse 73: vocal versus instrumental, acústico versus electrónico, abstracto versus carnal. En “Apropa’t” Eva escribía las letras y las cantaba, en catalán y en castellano, preñadas de un lirismo mediterráneo que a Herren le era ajeno pero que había empezado a descubrir y admirar en aquellos meses viviendo en un piso de l’Eixample. Música de balcón con macetas y para paseos en bicicleta. “Apropa’t” era un disco tirando a demacrado, apático, pero funcionó. El que no funcionó fue “Golden Pollen” (Anti, 2007), porque Eva ya no estaba y Scott se había empeñado en cantar él en un castellano macarrónico sin coherencia ni sintaxis. Era como cuando Devendra Banhart hacía lo propio –cambiar de idioma– y nos hacía reír como un mal chiste.

La novedad de “La Llama” es que significa el reencuentro de Scott y Eva cinco años después, y el desaguisado de “Golden Pollen”, de entrada, queda resuelto: vuelven las letras en catalán, el castellano bien pronunciado, la métrica adecuada gracias a Eva, y Herren puede concentrarse en acabar bien las canciones sin preocuparse por los versos. Esencialmente, es el mismo disco de Savath & Savalas desde hace una década: de luz tibia, de ventanas abiertas, con circulación de aire. Con base acústica y retoques en la producción que le dan un acabado más electrónico por momentos, aunque sólo sean guirnaldas decorativas. Canciones breves que suenan menos apagadas anímicamente que las de “Apropa’t” –aquel disco se podía tildar de llorica si se tenía el día cabrón; éste es menos apagado (quizá de ahí el título de “La Llama”), aunque tampoco sube el ánimo; digamos que ayuda a sintonizar una agradable frecuencia de melancolía–, y en las que advertimos que Herren ha recuperado la forma, aunque sólo sean, como dice la ministra, “brotes verdes”.

Son tres los discos de Herren que aparecen en esta primavera –el nuevo de Prefuse 73 ( “Everything She Touched Turned Ampexian”) y el de su nuevo grupo, Diamond Watch Wrists ( “Ice Caped At Both Ends”, ambos dos en Warp)–, pero este de Savath y Savalas es el mejor. Transmite serenidad, y cada canción, aunque sea imperfecta o le falte más desarrollo, tiene su lógica. Aquí es fundamental la poética de Eva: las canciones hablan de su pequeño mundo costumbrista catalán – “pura medicina, calma tu tensión, mata tus demonios, seda el corazón, ponme un carajillo, pónmelo de ron”, explica en “Carajillo”, que es una sencilla oda a la sobremesa en un bar de mierda–, retrata las tardes en la Barceloneta tomando el fresco después de salir de trabajar, los paseos por el antiguo Chino. Guillermo Scott no se inmiscuye y sólo arropa: “Sounds Of Bowery” es un interludio con sonidos de la calle y pájaros; normalmente se cuela algo de distorsión en los finales, cada canción aparece retocada como quien usa Photoshop en una imagen, pero sin alterar lo esencial; conserva detalles de la grabación original como en “Intro” –recorta y pega de las conversaciones previas antes de iniciar la sesión– o “Una Cura”, en la que a Eva se le escapa, al final, un “merda” y corrige el taco con un “sorry’” inglés. Más que un disco es un diario de una amistad recuperada, el de dos personas pasándolo bien haciendo canciones sin apenas ninguna pretensión de trascendencia. Como las noches de verano, vienen, se van y dejan una sensación agradable, como el aroma de los jazmines.

Juan Pablo Forner

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