good kid, m.A.A.d. city good kid, m.A.A.d. city Top

Álbumes

Kendrick Lamar Kendrick Lamargood kid, m.A.A.d. city

9.1 / 10

La primera vez que ves “Los Chicos Del Barrio” no puedes evitarlo: quedas prendado automáticamente del personaje que interpreta Ice Cube. Doughboy es la representación cien por cien fiel y verídica del arquetipo de gangsta boy: se pasa el día callejeando, no tiene grandes aspiraciones de futuro, trapichea para sobrevivir, tiene todos los números para convertirse en padre de numerosos hijos desperdigados por todo el barrio, vive pegado a la litrona, es carne de drive-by y su deporte favorito es sentarse en el porche de casa viendo pasar la vida por delante. Pero cuando maduras y vuelves a visionar el filme empiezas a entender que el personaje más complejo y fascinante de la película es Tre (interpretado por Cuba Gooding Jr.), la otra cara de la moneda, la del chico de barrio con ambición y ganas de huir del gueto que se debate constantemente entre mantenerse fiel a sus raíces, a su grupo de amigos gangstas, a su modus vivendi en el barrio, o salir al exterior, integrarse en la sociedad y mantener un comportamiento limpio de violencia y peligros. Tre es la encarnación del bien y el mal y de cómo no es fácil mantener un equilibrio sin sentir que estás desperdiciando tu vida o traicionando tu esencia.

“good kid, m.A.A.d city”, esperado debut multinacional de Kendrick Lamar, se plantea un hilo argumental parecido y de hecho parece una revisión del mismo vía 2012, pero en esta ocasión la historia que le da vida está basada en el relato en primera persona de un buen chico que se adentra en los peligros y tentaciones de una ciudad loca (el título ya lo dice todo) acompañado por sus amigos y colegas de vecindario. Esta es la historia del propio Lamar, de su ascensión artística, pero también de su singladura como chaval preocupado por la dicotomía moral que le plantea elegir entre la vida recta o su pertenencia a un entorno conflictivo y poco recomendable. La “película” existencial de este personaje se inicia cuando decide llevarse la furgoneta de su madre en una huida hacia delante que le acaba llevando, ya en la recta final del disco, a una redención madura y serena y al homenaje a todos aquellos colegas del barrio que han alcanzado el éxito y la gloria personal más allá de sus fronteras.

El valor de “good kid, m.A.A.d. city” no estriba solo en su planteamiento conceptual ni en la historia que cuenta para plasmarlo, sino también –sobre todo, diría– en cómo Lamar materializa sus ideas. Este disco es pura lucidez, impropia para un debut de un rapper tan joven: como si se tratara de una obsesión personal, las canciones suenan compactas, unificadas y coherentes, incluso evocan el estado de ánimo y las situaciones que plantea la letra de cada una de ellas. No es un álbum conceptual tan solo por el hecho de que exista una historia a modo de nexo de unión, sino porque todo, hasta el mínimo detalle, tiene sentido dentro de su película, sin excusas, sin salidas de tono, sin momentos de relleno o incorporados con calzador, tan solo con un par de episodios menores fuera de contexto. Lamar recluta a productores muy diferentes –de Just Blaze a Pharrell, pasando por Hit-Boy, Sounwave, T-Minus o Tha Bizness– pero no cae en la tentación de los discos de consenso o las recopilaciones de tendencias sonoras que más cuajan en la actualidad, cansina moneda común del mainstream y midstream actual, sino que consigue que todos ellos se adapten a lo que requiere su proyecto. Y la suma de todos acaba dando como resultado esa idea que se lleva cociendo desde hace un par de años en el colectivo que él mismo lidera, Black Hippy: la forja de un sonido fiel a ciertos rasgos del rap de la Costa Oeste pero suficientemente inquieto para capturar el zeitgeist del momento y trascender fronteras y backgrounds geográficos o escénicos.

Pero si la propuesta musical del debut asombra por su brillantez, creatividad y sentido de modernidad aplicada al hip hop, su aportación lírica y la construcción de los episodios que dan forma a este particular documental sobre la vida en el gueto tendrá pocos rivales en el balance final de lo mejor y más logrado de 2012. “good kid, m.A.A.d. city” se basa en un tema poco común en el ámbito del hip hop: la constante duda sobre uno mismo y sus actos, que es el motor de toda esta historia y que a fin de cuentas no deja de ser un exorcismo libre y sincero del propio autor, que ha utilizado este disco para liberarse y empezar de cero. “Sherane A.K.A. Master Splinters Daughter” abre el telón y sienta las bases del relato: un chico de Compton acechado por dilemas morales que ha decidido escapar y adentrarse en la cara más peligrosa de la ciudad, con todas sus consecuencias. Las juergas nocturnas, los actos delictivos, la adicción al alcohol, la relación distante con su novia, la mala vida en la gran urbe y los amigos pandilleros forman parte de una excusa general que tiene mucho más trasfondo en la lírica inteligente y emocional de Lamar: también es una metáfora sobre su propio futuro artístico, ligado a Aftermath y Dr. Dre –o lo que es lo mismo, la obsesión por llegar al mainstream sin traicionar la esencia y las claves de su discurso, como en “Bitch, Don’t Kill My Vibe”–, una reflexión sobre el hip hop en la actualidad – “Sing About Me, I’m Dying Of Thirst”, doce minutos de aturdidora belleza lírica– o una desmitificación y normalización de la violencia – “The Art Of Peer Pressure”, mi favorita de todo el lote, o “M.A.A.D. City”, esta con MC Eith, otro detalle más en la retahíla de homenajes y declaraciones de amor eterno a su barrio.

De flow privilegiado y camaleónico, el estilo de Lamar, así como su capacidad para contar historias, es contemporáneo en el mejor sentido posible del término: le da aires de ruptura y frescura al rap de la Costa Oeste, recoge toda una tradición existencial y una serie de hábitos y rutinas muy definidas en Los Ángeles y los universaliza y, además, fomenta la ilusión de un rap con contexto geográfico pero sin limitaciones de estilo. Pero además lo lleva a cabo con ingenio, emoción e intensidad, tres características indispensables para entender la grandeza de este disco y la pobreza de muchos de sus competidores. Un disco imperfecto, lastrado por dos o tres canciones incapaces de encajar por completo en el universo y el tono planteado – “Compton” es un beat poderoso de Just Blaze, pero no tiene sentido en la dinámica más noctámbula y melancólica del recorrido–, pero con toda probabilidad uno de los cinco mejores que escucharemos a lo largo de este año. Imposible no emocionarse ni impresionarse ante una demostración tan precisa e imaginativa de talento.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar