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Squarepusher presents Shobaleader One Squarepusher presents Shobaleader Oned?Demonstrator

6.4 / 10

Squarepusher presents Shobaleader One d’Demonstrator WARP

Entrante: ensalada de vocoder con camarones y reducción de laca. Primer plato: slaps de bajo con escalopines marinados en salsa funkarra. Segundo plato: higadillos de Daft Punk con puré a la Bootsy Collins. Postre: flan con plataformas y chupito de popper. Squarepusher ha cambiado el menú económico de su restaurante esquizofrénico. Ahora la cocina está en la franquicia de Ed Banger –aunque el álbum se lo agencie Warp, el primer maxi de este nuevo proyecto del barbudo Tom Jenkinson se publicó en el sello parisino, recordadlo bien porque es la clave de todo–, y aunque muchos extremistas del bleep se hayan tenido que abanicar ante el sofocón, el salto a los fogones de la escuela francesa tampoco ha sido tan traumático, aunque los resultados sean algo decepcionantes. Tom Jenkinson no ha venido darle un toque edbangeriano a Warp, ni Warp ha vuelto a llamar a su puerta para convertirle en miembro de la secta fiestera. La cosa se queda en un punto intermedio algo sosainas, un islote grisáceo entre el confeti parisino y las pastillas de uranio de Sheffield. Un engendro, vaya, que podríamos calificar de anecdótico e incluso de chistoso. Lo cierto es que poco se sabe sobre los intríngulis de esta supuesta nueva banda llamada Shobaleader One. Jenkinson se ha erigido en frontman de un grupo imaginario de cuyos miembros no sabemos nada –a lo mejor ni existen, sólo Dios lo sabe– y cuya razón de ser es más desconocida que el paradero de Kirk Cameron.

En este caldo marciano, Squarepusher se da un baño aceitoso de soft-rock, disco-pop, electro jazz, soultronics y p-funk con un profundo sabor retro-robótico. Es como si hubiese tenido un sueño húmedo con George Clinton, Jake Slazenger y Thomas Bangalter y al levantarse, con la erección todavía visible bajo las sábanas, hubiera empezado a rellenar partituras a golpe de escritura automática. Lo que encontraréis en “d’Demonstrator” no tiene nada que ver con los desvaríos extremistas del británico. El otrora terrorista del electric bass, el que antaño destripara el jazz y el drum’n’bass a golpe de Parkinson percusivo y actitud punk, se calza esta vez una levita de lentejuelas, gafas de sol tamaño gigante, sombrero de copa púrpura y botas de plataforma y juega a ser una especie de Hunter S. Thompson del funk. La cabriola le sale desangelada. Utiliza el vocoder hasta para pedir patatas fritas en un McDonald’s, los arrebatos rockistas con guitarras eléctricas saturadas terminan castigando el tímpano, las voces tratadas tiene su gracia al principio, pero en la segunda parte del álbum te entran ganas de tirar el iPod por el váter, los momentos funk-soul instrumentales parecen música para los ascensores del Arkham Asylum. Hay ideas graciosas, se agradecen las ganas de salirse por la tangente con algo divertido, incluso hay momentos –pocos, pero los hay– en los que el viejo Jenkisnon consigue llevar con cierto éxito a su terreno el electropop filtrado que tanto caracteriza a la escudería de Busy P. Pero no, el coche no termina de arrancar como debería. Sabe a broma apresurada.

Cierto es que hay momentos notables, como el R&B robótico de “Plug Me In”, el barroquismo p-funk en clave lo-fi de “Laser Rock”, el soft-pop cibernético de “Into The Blue”, el disco kitsch estilo “Vacaciones En El Mar” de “Frisco Wave”, la improvisación de post-rock-giallo de “Maximum Planck”. El resto del cancionero adolece de sustancia y peca de daftpunkitis aguda. “Megazine” sería una gran tema si no recordara con tanto descaro a los responsables de “Discovery”, eso sí, grabando con cacerolas en un garaje. Lo mismo para “Endless Night” y “Criptic Notion”. La huella de Bangalter y Homem-Christo y de la horda francesa post-Justice es demasiado profunda y visible como para darle algo de credibilidad a este desvarío más allá de la anécdota. Esperemos que Jenkinson no le coja el gusto a lo de pasturar en los sonidos habituales en la campiña gala: lo de “la oveja negra de la electrónica” ya no tendría ningún sentido.

Óscar Broc

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