Mi and L’Au Mi and L’Au

Álbumes

Mi and L'Au Mi and L'AuMi and L’Au

6.3 / 10

Seis años después, y llegados al tercer disco de Mi and L’Au, “If Beauty Is A Crime”, nos gusta recordar su historia por diversos motivos. Primero, porque ese contexto sigue explicando aún hoy el concepto que hay detrás de este nuevo trabajo. Y segundo, porque las fechas en las que estamos, con este tiempo siberiano que invita a recluirse en la cabaña de la portada de su álbum de debut homónimo, y la peligrosa cercanía de San Valentín, hacen que escuchar su música estos días sea más apropiado que nunca. Sabemos que Mi es el apodo de Mira Romantschuk, una ex modelo finlandesa, y que L’Au es el francés Laurent Lecrerc. Un tiempo antes de la publicación de su primer largo se conocieron en París y rápidamente se enamoraron. Decidieron abandonar la Ciudad del Amor y marcharse a una pequeña cabaña perdida en los nórdicos bosques del país de Mira. Ahí tuvieron todo el tiempo del mundo para conocerse y dar rienda suelta a sus pulsiones musicales. Tras meses de aislamiento, salieron con un cancionero neofolk, sofisticado e íntimo a la vez, que se empapa de la sensualidad tan característica del país de Laurent. En definitiva, un cuento de hadas en toda regla.

Lo más interesante de este trabajo es que han querido –y sabido– reinventarse desde un punto de vista formal. Es decir, si antes se limitaban a mezclar sus voces con guitarras acústicas y orquestaciones escasas, ahora han compuesto, arreglado y mezclado en un ordenador. Con todo, la esencia, el fondo, es decir, esa melancolía, esa sensualidad, ese savoir faire tan francés, siguen ahí, y prácticamente se podría decir que suenan igual que siempre, pese a que es evidente que las bases electrónicas se han impuesto a los instrumentos tradicionales. “If Beauty Is A Crime”, se dice, está dedicado al compositor de bandas sonoras François de Roubaix, que especialmente en la segunda mitad de los 60s trabajó en un sinfín de filmes entre los que destaca “El Silencio De Un Hombre (El Samurai)” de Jean-Pierre Melville. Y es que las suntuosas cuerdas de canciones como “Faces” y “Porcupine” encajarían a la perfección en cualquier película de tono solemne de directores como Paolo Sorrentino.

Este toque electrónico hace que nos venga a la cabeza “Third” de Portishead en “Territory Is An Animal”, con la voz de Romantschuk, emulando a Gibbons, trazada entre cuerdas opulentas. También resulta atractiva la pieza titular, que navega por las aguas de un pop sintético escandinavo y en la que las voces de Mira y Laurent se compenetran a la perfección. Aunque su primera mitad es estimulante a ratos, en su último segmento se desmonta el sueño. “Silk” y “One Day” se hacen tediosas, algo sorprendente teniendo en cuenta que la primera no llega a los cuatro minutos. El cierre, “Warrior”, es un corte instrumental que incluye, como gran excentricidad, unos breaks que apenas aportan nada. Resulta bastante intrascendente, como también le ocurre a la bellamente insustancial “Magic”. “Limousine” ejemplifica desde el título esa elegancia y glamour inherente en la música de esta pareja, que parece estar hecha expresamente para gente de bien. La belleza no es un crimen, pero se queda vacía si no consigue tocar la fibra.

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