Zola Jesus - Taiga Zola Jesus - Taiga

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Zola Jesus - Taiga

7.0 / 10

A la altura de su quinto álbum, Zola Jesus ha querido ponerse a prueba replanteando el alcance de sus canciones. Si hace unos meses nos hubieran dicho que la musa del dark-pop iba a lanzar un álbum como Taiga pocos lo hubiéramos imaginado. Y es que, aun manteniendo ese halo opresor y épico que la ha caracterizado desde sus inicios, la estadounidense ha querido traernos en esta ocasión un largo de efecto muchísimo más instantáneo y genéricamente pop que, pese a las buenas intenciones iniciales, sólo cuaja por momentos. La maniobra de acercarse al pueblo llano puede que le pase factura en el futuro inmediato (ya se sabe, cuando una artista de sus características asoma la patita en lo mainstream los haters y los fans renegados afloran de debajo de las piedras). Pero frente a ese escenario incierto que se le puede presentar, resulta digno de aplaudir que Nika Roza Danilova haya querido alejarse de su zona de confort apostando por un producto que aboga por la escucha sin asperezas y que, al igual que ha ocurrido con Charli XCX, Grimes o Florence + The Machine en sus últimos esfuerzos, únicamente tiene el cometido de incrementar su target de oyentes fuera del circuito independiente. Vamos, que la muchacha se ha cansado de ser la rarita de la clase y ha decidido que es el momento de engrosar su cuenta corriente. O de intentarlo, al menos.

Temas como Dangerous Days (posiblemente la mejor del lote) o Go (Blank Sea) (que aun siendo un single mayúsculo, no desentonaría en boca de la Rihanna de turno) demuestran que el trabajo de la artista junto al productor Dean Hurley ha generado buenos frutos. Dejando entrar más luz en su ventana compositiva, algo que ya se intuía claramente en su anterior Conatus, Zola Jesus sale triunfante en piezas como It's Not Over (si a su chorro de voz se le suman estribillos instantáneos, resulta lógico lo satisfactorio del resultado). No obstante, no todos los temas de Taiga consiguen emocionar del mismo modo y hay cosas que pulir.

Los beats vigoréxicos de Hunger, por ejemplo, acaban flaqueando por su innecesaria sobreproducción y hacen que la voz de la joven acabe enterrada en un segundo plano. Tampoco ayudan mucho que digamos los vientos heroicos de la pieza que da título al álbum o de Hollow, más propios del primer disco de Woodkid que del universo Zola Jesus. A eso debe sumarse que todos los buenos cartuchos del álbum se aglutinan en su primera mitad y a medida que pasan los minutos son más las piezas anodinas que aquellas que verdaderamente calan hondo.

El viraje hacia el pop global en alguien como ella debería sustentarse, ante todo, en una colección de grandes canciones que justifiquen la maniobra populista sin hacer mella en su credibilidad. Y aquí eso sólo funciona en momentos contados.

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