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Hans Zimmer - Interstellar: Original Motion Picture Soundtrack

8.8 / 10

Nuestro instinto de supervivencia, que consigue acallar el dolor o la culpa, nos lleva a una huida hacía adelante, aunque el punto de referencia sea tan lejano como lo es otro planeta.

Para un fanático de la ciencia ficción, es inevitable encontrar paralelismos entre el argumento de Interstellar y muchas otras obras de la cultura sci-fi. Quizás Kurt Vonnegut fue uno de los precursores de la visión de Christopher Nolan al catalogar la humanidad como un virus calcinante contra el cual el Planeta Tierra lanza sus defensas inmunológicas. Pero independientemente de que el argumento de la película sea más o menos acertado, más o menos excitante, debemos valorar la incorporación al cine 'mainstream' de conceptos tan candentes en la física teórica vigente como el agujero gusano (los puentes de Eisntein-Rosen), la gravitación cuántica, la relatividad especial, la multi-dimensionalidad del espacio, la noción del tiempo como una dimensión navegable y la inquietante propuesta de que el futuro de la humanidad quizás se encuentre en otro planeta u otra galaxia.

Nolan, en su quinto proyecto junto a Hans Zimmer después de Origen, El Caballero Oscuro o El Hombre de Acero, no es el único en aplicar teorías colosales en esta producción. También el compositor alemán firma un papel que le merecerá un nombre entre las estrellas. Armado con una orquesta de 34 instrumentos de cuerda, 24 de viento madera, 4 pianos y un coro de 60 voces, ha dedicado dos años a la empresa (seis meses de los cuales se destinaron solo a la mezcla).

Con tan magna instrumentación y tamaña dedicación, sorprende que el resultado sea de una sencillez sublime, solamente rota por los momentos en los que la explosión sonora amortigua los diálogos de los personajes. Su justificación para esos momentos, que algunos vieron como un contratiempo o un defecto en el diseño sonoro global del film, es clara: "Cuando voy a ver una gran ópera, en ocasiones no puedo entender las palabras, pero igualmente es un viaje emocional conmovedor". Nolan ha aplicado esa idea con máxima confianza, dejando que en ocasiones las notas musicales brillen por encima del guión. Su finalidad, por encima de todo, era que el oyente y espectador sintiera esa travesía que se le muestra en la pantalla.

Podría decirse que Zimmer aspiraba a plasmar aquí su particular música de las esferas, un legado de nuestra observación del cosmos en busca de respuestas, cuyo primer indicio data del siglo VI a.C., cuando Pitágoras le puso nombre. ¿A qué suenan estas armonías celestiales? La música, el arte de los sonidos, cuya concepción actual nos llega del Renacimiento, se considera una revelación privilegiada y, quizás, divina. No sabemos a que puede sonar el movimiento de los cuerpos celestes, pero podemos experimentar una travesía espiritual con el leitmotiv que introduce S.T.A.Y.

Los primeros compases de la pieza dibujan con sonidos las trayectorias circulares de los cuerpos celestes. Hay tensión, pero sin perder la liviandad del sonido. Ambos factores combinados te transportan a años luz, un viaje en línea recta hacía los confines de la estratósfera. La música se disipa, desaparece en la distancia, pero en muchos puntos puedes sentir cómo toma el sentido inverso y viene hacia ti. Es el caso de The Whormhole donde la percusión se te acerca y las cuerdas en tensión te preparan para el impacto de este cuerpo sónico que se mueve a tu encuentro.

La banda sonora juega en todo momento con motivos recurrentes, destapando cada vez más tretas para conectarte con el ambiente. En la preciosa Cornfield Chase imaginamos cómo un prisma que refleja la luz que emana del piano se nos presenta en forma de caleidoscopio sonoro. En Mountains escuchamos un reloj, ¿se nos acaba el tiempo o se trata de algún tipo de mensaje en código binario?

El mismo misterio se refleja en Dust, una pieza enigmática de un verde incandescente, al estilo de la canción que compuso Howard Shore para el personaje Gollum de El Señor de los Anillos. Un guiño mucho menos sutil se encuentra en la terrorífica Coward, que por momentos remite a la banda sonora de película Suspiria, compuesta por los italianos Goblin.

Zimmer despliega aquí toda su artillería sonora. Demostrando que los ecos que plagan el universo son bellos, sutiles, y desbancando el mito de que para comprender una película nos hacen falta los diálogos. Basta abrir la mente y dejarse transportar por las imágenes que nos entran por los ojos, y por los oídos.

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