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The Soft Moon The Soft MoonZeros

8.1 / 10

Fuego, humo, hemorragias nasales, huidas de criaturas extrañas por un almacén abandonado, posesiones, sangre, sombras traicioneras y velos negros. Todo eso se puede ver en el magnífico videoclip que The Soft Moon estrenaron para “Into The Depths” al hilo de la publicación de su álbum de debut homónimo de finales de 2010. Estos días en que nos acercamos al supuesto fin del mundo predicho por el calendario maya cobra más sentido escuchar propuestas como la del californiano Luis Vasquez, que juegan tan bien con el elemento del miedo (aunque en la electrónica pasan por la cabeza más nombres como Kreng, Raime o Svarte Greiner, lo cierto es que es en el indie falta más gente que lo explote). “The Soft Moon” exhibía un post-punk más oscuro que una noche de luna nueva con cajas de ritmo secas, guitarras monocordes y voces fantasmagóricas. Injustamente pasó un poco desapercibido, acaso por casi coincidir temporalmente con “Cherish The Light Years” de Cold Cave, unos coetáneos suyos con un enfoque mucho más pop. Hace exactamente un año Vasquez publicó un nuevo EP, “Total Decay”, que insistía en la misma fórmula que practicaron en el debut y dejaba claro que la intención de cara al segundo disco no era ni mucho menos innovar sino más bien depurar. Con la llegada de “Zeros”, escrito y grabado en la carretera, a diferencia de la soledad que caracterizó la grabación de su predecesor, su perpetrador se decidió a dar con una colección de canciones envolventes y primitivas con la ayuda del productor Monte Vallier en su estudio de San Francisco, donde pudieron poner el volumen a tope, golpear cosas y gritar a pleno pulmón.

De esto hay mucho en “Zeros”. Ya desde su pieza de apertura, “It Ends”, encontramos los chillidos de un ser que a todas luces no es de este mundo, para que luego aparezcan los jadeos de una extraña criatura (quizá aquella que persigue a la chica de “Into The Depths”). En otros cortes como “Insides” se escuchan unos lascivos alaridos que parecen el lamento de un ser moribundo. Un aroma casi apocalíptico también se desprende en “Die Life”, de nuevo, con un uso de las voces distorsionadas y acongojantes. Su línea de guitarra afilada y un bajo penetrante hace que te mantengas pegado al suelo, inmóvil, preso del pánico. También resuenan ecos de películas de terror en “Remember The Future”, una canción de ritmo motorik que podría encajar a las mil maravillas en cualquier película de John Carpenter. Sus interferencias y las de “Crush” ayudan a crear un plus de intriga y malrollismo. El sonido al final de “Lost Years” quiere simular al de unas alarmas que avisan de una amenaza nuclear y el ominoso sintetizador de “Want” es puro cine de horror. Después de poco más de 30 minutos el disco llega a su fin con “ƨbnƎ tI”, un spinback del primer corte, como si nos quisiesen devolver a la realidad después de media hora en las profundidades del infierno. No es ni mucho menos coincidencia que sus tres lanzamientos importantes, los dos álbumes y el EP bisagra, hayan llegado alrededor de Halloween.

Una de las grandes críticas con las que se ha topado The Soft Moon es que la casi ausencia de voces hace que sea difícil sintonizar con sus canciones. Pero todo el párrafo anterior sirve para demostrar que los californianos cumplen de sobra con ese cometido. Si su intención, como indican en notas de prensa, es crear una suerte de banda sonora post-apocalíptica, han dado en el clavo. En “Zeros” la fórmula se repite. Quien espere una letra propiamente dicha, que busque en otros discos de parecida onda. De hecho aquí apenas hay versos y los que hay son difíciles de entender. Sólo en “Want”, con ese “I want it, can’t have it”, sabemos a ciencia cierta qué está diciendo Luis Vasquez. Es más, no tenemos la seguridad de que sea él quien esté cantando y no un pobre indefenso que hayan secuestrado. La voz se manipula en cada canción para dar con esa sensación de miedo a la que nos referíamos más arriba. Si a menudo nos preguntamos si es humana o no, también cabe plantearse el sexo, como sería el caso de “Crush”, con una voz completamente andrógina. Pero es que hay momentos en los directamente prescinden de la línea vocal ( “Remember The Future”) y nadie la echa en falta.

También habrá quien critique a este disco por ser demasiado conservador al no aportar nuevos estilos, ofrecer vueltas de tuercas estimulantes. Pero estamos en la misma tesitura de siempre. Luis Vasquez ha apostado por la vía de la depuración, y si bien es cierto que suena exactamente igual que siempre, es decir, los cambios que operan en el proceso de grabación no hacen que podamos diferenciar entre las canciones de “The Soft Moon” y “Zeros”, lo cierto es que en ningún momento se echan en falta aires nuevos. Siguen estando esas cajas de ritmo tan secas que parecen un hostiazo en la cara, las atmósferas viciadas, los sintetizadores arremolinados, las ocasionales ráfagas de ruido tóxico, el olor a alquitrán, guitarras nerviosas de herencia Joy Division, percusiones que a veces sientan como latigazos a espalda descubierta y otras parecen como si quisiesen anunciar la llegada de un batallón de guerra. Se han mantenido fieles a su estilo y se agradece. De hecho, no se han dejado embaucar por las mieles del (moderado) éxito, y el único momento, digamos, más convencional, es la pieza titular, que igualmente acaba siendo irresistible y hasta una buena inclusión para una sesión de baile. The Soft Moon han vuelto a lo grande y esperemos que los mayas se equivocasen y podamos disfrutar de ellos muchísimo más tiempo.

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