A Young Person’s Guide To A Young Person’s Guide To

Álbumes

Mark McGuire Mark McGuireA Young Person’s Guide To

7.8 / 10

Mark McGuire  A Young Person’s Guide To EDITIONS MEGO

Mark McGuire quizá no sea el mejor guitarrista del mundo, ni el más innovador. Su técnica comprende influencias de muchos y conocidos artistas cuyo trabajo se extiende a lo largo de cuatro décadas: el éxtasis forestal de John Fahey, los arpegios kosmische del extraterrestre Manuel Göttsching, la capacidad para meter las notas al trote en un envoltorio de ruido como Klaus Dinger –o, tomando una referencia más moderna, Christian Fennesz–. McGuire, el tercer vértice del triángulo Emeralds, es una suma de todas estas influencias entre el drone, el krautrock y el folk, y lo interesante de su propuesta es que, aunque se le perciben las costuras por todas partes, consigue hacerla personal y reconocible como suya propia. No, no es el mejor guitarrista del mundo, ni mucho menos, pero es hábil y, por encima, de todo prolífico. Si ya es difícil seguir la discografía de Emeralds, más aún lo es la de cada uno de los componentes por separado –con John Elliott es fácil arrojar la toalla, el teclista hace tiempo que viene inundando el mercado con una inacabable serie de vinilos y proyectos de colaboración; Steve Hauschildt se prodiga menos–, y McGuire en particular ha sido y es un auténtico dolor de cabeza para los coleccionistas. Ni siquiera la edición de “Does It Look Like I’m Here” (Editions Mego, 2010; último LP de Emeralds por ahora) y su relativo éxito en el underground parece haberle frenado: la incontinencia –llamémosle sonorrea espacial– sigue aunque sea a base de reediciones, y tener una simple visión panorámica de la obra firmada por el joven de Ohio se convierte en una misión prácticamente suicida.

Es por ello por lo que este disco aparece: doble CD, presentación en digipack lujoso, “A Young Person’s Guide To…” es una recopilación profusa del material que ha ido grabando McGuire desde 2007 hasta la fecha, editado originalmente en cassettes y CD-Rs de circulación ridícula –los que más en tiradas máximas de 150 ejemplares; los hay de 70 y hasta 30, imposibles de rastrear en el mercado a menos que alguien te ceda una copia en su testamento–. Sorprende su estajanovista ritmo de trabajo, pero más aún el poco cuidado que ha tenido McGuire en preocuparse por que su música pudiera llegar a alguien más allá de su círculo de amigos, llevando una vida artística invisible desde que se enroló en Emeralds y en paralelo a su banda. Aquí se reúne parte de ese material hasta alcanzar las dos horas y media de duración y evitando los discos que, por haberse reeditado en tiradas más generosas o ser relativamente nuevos –nada de “Living With Yourself” (Editions Mego, 2010), que es del año pasado–, se pueden localizar con cierta facilidad. Pero aún así, quedan horas y horas de material escondidas en los cajones, casi toda puesta en circulación a través de Wagon, el propio sello de McGuire para sus private pressings.

La semilla de “Living With Yourself” es la que anda escondida en esta recopilación tan irreal y a la vez tan necesaria. Incluye materiales de lanzamientos tan esquivos como “Dream Team” (CD-R, 2008, 75 copias), “Light Movements” (dos cassettes de 20 minutos, 2008, 100 copias) o “Losing Sleep” (CD-R, 2009, 60 copias), y el material no merecía haber permanecido tanto tiempo en ese limbo. El crecimiento de un público interesado en las nuevas corrientes space-rock, el revival del sonido cósmico alemán y el drone entendido como un recurso de belleza plástica es lo que ha posibilitado la ruptura de los diques, y la única pena del disco es que no incluya todavía más material: parte del misterio seguirá vivo. Y eso, repitiendo lo dicho antes, que Mark McGuire no es precisamente un buen guitarrista. Pero es hábil, sabe sacar de cada punteo de guitarra un arpegio hipnótico o una pátina de ruido resplandeciente que dispara sentimientos de todo tipo –nostalgia del pasado, paz interior, inmobilización opiácea– y, en una segunda capa de significado subyacente, también referencias musicales semi-olvidadas o desprestigiada, desde Robbie Basho y Michael Hedges a Flying Saucer Attack y, por supuesto –su influencia planea por todas partes– el primer Mike Oldfield y el canónico Robert Fripp (el título del disco ya es, en sí, un homenaje a King Crimson). Hay un equilibrio sano entre el prog narcótico y el paisajismo turbulento, las dos constantes contradictorias que añaden un valor incuestionable a todo lo que salga de las manos de McGuire.

Javier Blánquez

Mark McGuire - The Marfa Lights

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