A Young Person?s Guide To Kyle Bobby Dunn A Young Person?s Guide To Kyle Bobby Dunn

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Kyle Bobby Dunn Kyle Bobby DunnA Young Person?s Guide To Kyle Bobby Dunn

7.9 / 10

A Young Person’s Guide To Kyle Bobby Dunn LOW POINT

Myspace puede explicarte muchas cosas de una persona, tanto por lo que dice como por lo que calla. Myspace es un sutil laberinto de signos y, si entramos en el de Kyle Bobby Dunn, podemos hacernos una idea básica de lo que trama, de lo que quiere explicar con su música y de lo que quiere explicarnos de su vida. Es un Myspace grisáceo, cristalino, de información breve y concisa. Apunta la página de este artista, por ejemplo, que a él le gusta más contar a través de sonidos que de palabras. También se cuenta que Kyle Bobby Dunn nació en Ontario (Canadá) en 1986 y que ahora reside en Nueva York. También desvela que está en activo desde 2005, con lo que nos podemos hacer a la idea de una joven promesa de la composición que empieza a publicar sus primeras piezas para cuerdas y electrónica a los tiernos 19 años hasta, finalmente, poder resumir un proyecto artístico y un manifiesto estético en “A Young Person’s Guide To Kyle Bobby Dunn”, doble CD que reúne seis años de trabajo, de abrirse camino en el complicado mundo de la composición clásica. Neoclásica en su caso, porque anda cerca de Peter Broderick, Ólafur Arnalds y otros jóvenes emos, pausados, algo tristes y con especial amor por la sensación de espacio y abandono.El Myspace dice más aún. Se define como “compositor del siglo XXI” y “artista sonoro”, algo que encaja con parte de su proyecto musical, basado en la elaboración de piezas para instalaciones – loops interminables de ambient envolvente y pesado, por ejemplo– y diseño acústico para espacios abiertos. Y le gusta viajar, comer crêpes, la sopa francesa de cebolla, el café, las cervezas raras y el vino tinto, aunque esto quizá no tenga especial incidencia en su obra más allá de la idea de que parece ser que le tienta la buena vida y la buena mesa, y que toda esa desnudez, abatimiento y solemnidad triste que transmiten sus largos desarrollos –de cuatro a diecisiete minutos– no es más que una máscara bien barnizada y acorde con una larga tradición de abatimiento mental y existencial. De todos modos, y como el tocino no tiene nada que ver con la velocidad, tampoco tiene nada que ver la sopa de cebolla con la neoclásica pausada que llena la habitación como una burbuja frágil de paz y quietud.A veces, cuando hablamos de este ambient neoclásico en el que ningún golpe rítmico rompe la sensación de sosiego, cuesta encontrar la tecla adecuada. ¿Está cerca de Loscil este jovencísimo Kyle Bobby Dunn? Un poco lo está, sí, pero no tiene ningún elemento techno. ¿Y de Peter Broderick? Utiliza los mismos instrumentos, claro, pero de una manera distinta: para Dunn no existe apenas la melodía (ni rastro de canción, sólo envoltorio tenue), y sería más fácil pedirle que montara una tienda de campaña sin usar las manos que escribier una letra. A ratos suena a esos ambientes nostálgicos a lo Leyland Kirby, pero ni es esto un rescate fantasmal del pasado ni tampoco tiene la carga de desesperación y suciedad del inglés. Lo que sí tiene Kyle Bobby Dunn es ese uso prolongado y triste de ciertas notas clave y de ciertas texturas de instrumento –parece casi todo electrónica procesada, pero también hay piano, cello y oboe– como en los momentos más absorbentes de Stars Of The Lid. Por ahora, y a falta de un proyecto mucho más ambicioso, con unas ideas más originales, Dunn debe estar incluido en el segundo grupo de la escena neoclásica, el emergente y acechante, junto con Nils Frahm, Hauschka y otros que sí, pero no del todo. Sólo con paciencia y trabajo –es un bebé, tiene toda la vida por delante– llegará a donde aspira y apunta, a donde los Nico Muhly, Jóhann Jóhannsson y Goldmund. Si esta obra ya es notable, lo próximo tendría que ser como para rendirse a sus pies. De momento, que no es poco, estas doce pieza, estas dos horas de paréntesis, convierten nuestras cuatro paredes, nuestra mesa y el sofá en un oasis. Juan Pablo Forner

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