Young Hunger Young Hunger

Álbumes

Chad Valley Chad ValleyYoung Hunger

7.2 / 10

En la crítica que escribí hace más de un año del EP de Chad Valley “Equatorial Ultravox”, acabé diciendo que a Hugo Manuel, también líder de la banda de pop tropical Jonquil, se le notaban las buenas intenciones y el talento con su proyecto paralelo de pop hipnagógico, pero que le faltaba tiempo y dedicación para jugar en el equipo de los grandes. Me refería, por supuesto, a Toro y Moi y Washed Out, primeros nombres que surgieron de esa escuela y que han sabido quitarse de encima la etiqueta de chillwave para mostrar una música mucho más ambiciosa, en el caso del primero, y con más poso, en el caso de Ernest Greene. Por su parte, Hugo Manuel ha ido atrasando su estreno en largo acaso a sabiendas de que el sonido en el que se movía hasta hace no mucho ya está más que caduco. De hecho, se dio cuenta de que no tenía sentido emular el pop electrónico de los 80, esos discos con una producción tan meticulosa y costosa, con acabados lo-fi, y texturas más granuladas que vaporosas.

“Young Hunger” ha tardado en llegar, pero era exactamente lo que le hacía falta a Chad Valley para crecer. Esta vez no se ha escondido en la intimidad de su dormitorio para grabar estas canciones, sino que ha optado por disfrutar de todas las posibilidades de un gran estudio para hacer un gran álbum. Su idea era clara, “si nos ponemos a recrear el sonido de los 80, hagámoslo al pie de la letra”. Eso se traduce, por ejemplo, en la contratación de un productor con un extenso currículo dentro del mundo del pop, Jonathan Shakhovskoy, quien ha trabajado con artistas tan diversos como Shakira o Patrick Wolf. Juntos fueron a los estudios Evolution de Oxford para dar con un sonido que el propio Manuel describe como “súper grande”. Y vaya si lo es. La ambición del británico no se reduce a eso, pues utilizó su amplia red de contactos para conseguir una serie de colaboraciones que sobre el papel parece una alineación de ensueño, un sueño húmedo de todo fan del nuevo indie pop. Están Totally Enormous Extinct Dinosaurs, Twin Shadow, El Perro del Mar, Active Child, Glasser, Jack Goldstein de Fixers y Anne Lise Frøkedal de Harry’s Gym.

Los resultados en las colaboraciones son desiguales. Por ejemplo, “Fathering / Mothering”, con Frøkedal, es una de las mejores canciones del lote, una preciosa balada con una melodía muy oriental que puede recordar a las producciones cristalinas de Gold Panda. En la misma onda también está “My Life Is Complete”, un medio tiempo pop que ya le hubiese gustado tener a Twin Shadow en su segundo disco. El feeling que tiene Hugo Manuel con Orlando “TEED” Higginbottom es realmente sorprende, precisamente todo lo contrario que lo que ocurre en “I Owe You This”, donde el protagonismo vocal de George Lewis Jr. (Twin Shadow) se reduce a unos 30 segundos y luego a unos discretos coros. También resulta interesante cómo Chad Valley cambia de registro y abandona su habitual falsete para pasarse al barítono en “Manimals”, ese celestial cierre junto a Active Child. Parece una muestra de respeto hacia Pat Grossi, a sabiendas de que su falsetto es mucho más imponente y sufrido.

Aunque no siempre Chad Valley necesita de la ayuda de un compañero para lucir. Un buen ejemplo sería “Tell All Your Friends”, algo así como unos Duran Duran (o si se permite, Rick Astley) atiborrados de golosinas. Su falsete rinde como nunca convirtiendo a la pieza en una de las más adictivas del lote y tan colorida como su magnífica portada. “Young Hunger” siempre suena retro, pero no todo es synth-pop. “Fall 4 U”, pieza que comparte con una dulcísima Cameron Mesirow, es un aireado número entre el disco y el R&B (qué maravilla de piano), condimentado con ramalazos balearic. En las mismas aguas del R&B sensual se mueve su colaboración con El Perro del Mar, “Evening Surrender”, con esas flautas tan escandinavas. También abraza las mieles del tropicalismo de su banda principal en “My Girl”, con Jack Goldstein, que, todo sea dicho, se pasa un poco de hortera y es de lo peorcito del LP y ofrece un interludio cósmico à la M83 ( “Interlude”). Por lo demás, el álbum raya a un nivel notable en el resto de las canciones, ofreciendo una buena variedad de registros, algunos pildorazos pop que alegrarán muchas fiestas de cumpleaños y, en general, dando muestras de un buen rollo que se agradece en estos tiempos que corren.

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