You Make Me Real You Make Me Real

Álbumes

Brandt Brauer Frick Brandt Brauer FrickYou Make Me Real

7.5 / 10

Brandt Brauer Frick You Make Me Real

!K7

Ahora que el look fashion indigente de la peña minimal se ha impuesto en las revistas de tendencias, ahora que las pelanas modernillas han ganado terreno a los cortes de barbería, es el momento de reivindicar la elegancia quirúrgica de este trío alemán. Visten con traje y corbata, se cortan el pelo como Dios manda y no tienen pinta de haber estado de fiesta tres días sin ducharse. Un punto a favor, qué duda cabe, en unos tiempos en que modernidad y grasa capilar son lo mismo, y en que la elegancia se confunde con un tejano pitillo y un fular harapiento. La estética Don Draper de Daniel Brandt, Jan Brauer y Paul Frick es como su música: hecha a mano, con las costuras perfectamente encajadas, con aroma after shave del bueno y el tintineo de los cubitos en el old-fashioned. El trío alemán se suma a la estela de bandas como Elektro Guzzi y concibe la música de baile desde la otra cara de la funda, invirtiendo las leyes naturales del universo technoide, apelando a la artesanía instrumental y dando vida a un Golem electrónico hecho sin electrónica.

Músicos doctos donde los haya, los tres amigos se abastecen de batería, piano, trombón, arpa, sintetizador, glockenspiel (esa especie de xilófono, para entendernos) y algún que otro gadget marciano para emprender su propia guerra. ¿El objetivo? Fabricar su tejido musical de la nada, dar a luz, sin ayuda ninguna, intrincados desarrollos bailables y ofrecer al paseante texturas mucho más cálidas y orgánicas que las del acrílico digital o el nylon analógico. En esa tierra extraña donde muy pocos se atreven a hundir la pezuña, Brandt, Brauer y Frick culebrean como serpientes de río en manglares de matemática minimalista, espíritu techno, joroba housera y alma jazzística. A un tiro de piedra de la jam session, el soundtrack, el krautrock y la música electrónica, “You Make Me Real” es un debut valeroso en tiempos de calculadoras, superordenadores, samplers, autotune y cafeteras Nespresso.

Lo cierto es que, reproducidos en formato electroacústico, los patrones bailables de BBF adquieren una tensión muy cercana a la banda sonora. Que me corten la lengua en pedazos si “Corky Prelude” –un prefacio nervioso y ejecutado en progresión– no es carne de película de espías. De hecho, el track que le sigue, “Bop”, se aferra a un piano venenoso y un traqueteo percusivo incesante en sus primeros minutos, en lo que bien podría ser el soundtrack de un film de Brian de Palma. Será que estoy excesivamente influenciado por el cine, pero incluso en la magnífica “ Paparazzi” percibo flashes de Lalo Schiffrin y me llegan imágenes de un tipo embutido en un perfecto traje de los años 60 huyendo de dos siniestras sombras con gabardina negra. Hay espacio también para la lisergia futurista en el corte que da nombre al disco –una masa crepitante de sonidos comatosos que muta en una especie de latin house al ralentí–, para el baile más gélido y microscópico –“ Mi Corazón” podría definirse como minimal zurcido a mano– y para la creación de espacios siniestros, como los tensísimos cuatro minutos de “Teufelsleiter”: puro suspense generado a base de tambores lejanos, tic-tacs serpenteantes en la batería, cuerdas fantasmales y efectos que producen desasosiego. “You Make Me Real” es una experiencia distinta, pero sobre todo es una declaración de autenticidad, el recordatorio de que antes de la máquina estaba el hombre. Skynet puede ganar la batalla, pero no la guerra.

Óscar Broc

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