You Drive Me To Plastic You Drive Me To Plastic

Álbumes

Bullion BullionYou Drive Me To Plastic

8.1 / 10

Bullion  You Drive Me To Plastic YOUNG TURKS

Nathan Jenkins no se contenta con hacer música, quiere cambiarla. Quiere desintegrar prejuicios, normas, tópicos, tabúes, incluso conceptos, pero sin ínfulas revolucionarias ni excusas intelectualoides para justificar experimentos con gaseosa. Muchos le consideran uno de los grandes artesanos del mash-up. Sin duda lo fue, basta con retroceder al 2007 y revivir la fiebre viral que “Pet Sounds: In The Key of Dee”, su amalgama de Beach Boys y J Dilla, generó entre la comunidad electrofreak. En estos cuatro años, ha conseguido ahuyentar la sombra de aquella curiosa probatura, ubicarse en la vanguardia de la escena new beat, gracias a maravillas como el 7” “Get Familiar” para One-Handed Music y apuntalar definitivamente las bases de su anti-estilo en el reciente single “Say Goodbye To What”, también con el sello que nos descubrió a Paul White.

Llegados a este punto, lo de mash-up y cualquier otro sambenito queda definitivamente anticuado para definir el modus operandi de un alquimista capaz de manipular la gravedad con retales irreconocibles escondidos en la música de otros. “You Drive Me To Plastic” es el imponente monolito levantado en honor a esta nueva religión postmoderna cuyo único profeta, por ahora, responde al alias de Bullion: en el nombre del sample, del hijo y del Espíritu Santo, amén.

La cosa comienza con sorpresa. De One-Handed Music, Jenkins ha saltado a Young Turks, el sello más cool y modernillo del momento. Bien jugado. Las formas de este artefacto antinatura encajan perfectamente en la lanzadera hipster. En tan sólo 21 minutos (¿EP o LP, acaso importa?), el genio londinense amasa una pulpa mercurial que sabe a algo nuevo, algo que hasta ahora no habíamos escuchado. El Bullion actual vive escondido en la sangría que separa universos musicales, alimentándose de ellos como una garrapata extradimensional. Y que nadie espere encontrarse un tratado avantgarde para la cofradía cultureta. Su música es coherente, audible, tiene comienzo, nudo y desenlace, y se construye sobre esqueletos reutilizados y articulados no sólo para retar al oyente, sino para agradarle.

En tan corto espacio de tiempo, el británico rellena nueve pildoritas con toda suerte de estilos sampleados. “Pressure To Dance” podría utilizarse como muestra concreta para comprender el todo en abstracto. La sutileza electro, la paisajística onírica à la Cocteau Twins, los ecos lejanísimos de hip hop, el bajo clitoriano, los toques románticos ochenteros, el kitsch italo, el sonido planeador, el dub infeccioso… “You Drive Me To Plastic” destila en un solo chupito funk líquido, wonky, RnB cibernético, pop vocal, jazz, krautrock, house minimalista, IDM, ambient, hip hop y synth madness. Y de las probetas salen piezas de sexualidad magnética y genética extraña.

Las guitarras playeras y el allure de tropicalia digital de “Magic Was Ruler”; el post dubstep jazzístico con toques tribales y reverencia a Laurie Anderson de “Too Right”; la perversión disco en clave cósmica de “My Castle In England”. Impera un novísimo sentido de la estética al que resulta imposible no adherirse. Diablos, hasta el IDM anecdótico del último track, “Drive Me Out(ro)”, parece respirar dióxido de carbono y exhalar oxígeno. Bullion se ha empeñado en vivir en la cresta y ha escrito, con una tipografía desconocida hasta la fecha, su primer gran Evangelio. La evolución de creador audaz cuyo universo empieza y acaba en él mismo: bienvenidos a la República Independiente de su casa.

Óscar Broc

Bullion - Too Right

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