Yesterday and Today Yesterday and Today

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The Field The FieldYesterday and Today

8.1 / 10

The Field  Yesterday and today KOMPAKTDurante una entrevista, realizada poco después de la publicación de su primer disco, " From Here We Go Sublime", Axel Willner me confesó que todos los temas de The Field partían de otras canciones. "Cuando escucho algo que me gusta", dijo, "lo sampleo como base para mis temas. Corto los trozos que me interesan y luego los voy podando hasta hacerlos irreconocibles, hasta que sólo quedan milisegundos de sonido". Esa manera de trabajar, que se mantiene en " Yesterday and Today" (el primer single, "The More That I Do", está construido alrededor de un muy explícito sample del "Lorelei" de Cocteau Twins), es una de las claves para entender el aire cinemático que respiran las nuevas canciones del productor sueco. Willner, es decir, utiliza el bucle como elemento básico de sus construcciones: lo deja sonar y trazar círculos, va añadiendo capas, realiza travesuras sobre ese andamiaje hasta que intuye que el bucle original se ha agotado, y entonces da por terminado el tema. No es difícil imaginar que la extensión del tema vendrá marcada, entonces, por la capacidad hipnótica de ese bucle original: mientras mejor sea, más se podrá dejar flotar en el tiempo y el espacio. Y es aquí cuando uno piensa en el enorme " E2-E4" de Manuel Göttsching como un punto de referencia, en esa sucesión minimalista de notas que podría durar para siempre.

En " Yesterday and Today" la selección de esa materia prima, de los bucles iniciales, es excelente, y por eso los temas se expanden más allá de los ocho, de los diez, incluso de los quince minutos sin ninguna dificultad aparente. Cosa que permite a Willner poner toda la carne en el asador, sacar a relucir el arsenal de instrumentos que ha ido adquiriendo en los dos últimos años. Y es que en la riqueza instrumental está la segunda de las claves del disco: si en " From Here We Go Sublime" las guitarras acaparaban el protagonismo, en esta ocasión son los sintetizadores los que reclaman la parte grande del pastel. Sigue habiendo guitarras, sí, pero su papel es más decorativo: añaden acentos a las canciones, fabrican pequeñas volutas melódicas, introducen alguna textura distorsionada con la que apoyar a los grumosos sintetizadores. Porque hablamos de sintetizadores analógicos, y son esos viejos cacharros llenos de cables y potenciómetros, grandes como armarios, los que aportan a todo el disco un sabor atemporal (habrá quien lo llame retro, ya lo verán), los que lo inundan con atmósferas planeadoras, texturas gaseosas y arpegiados suntuosos. Hablábamos antes de Manuel Göttsching y no era por casualidad: sobre gran parte de " Yesterday and Today" planean aires de kosmische musik, se intuye la sombra de Klaus Schulze, de Harmonia, de Tangerine Dream.

Otra de las claves a tener en cuenta es que Willner ha abierto las puertas de The Field a músicos ajenos, como una manera de hacer crecer su sonido y de expandirlo en direcciones distintas: ya ha avisado de que saldrá a tocar en directo acompañado de una banda completa, comandada por su colaborador habitual, Dan Enqvist, y de momento deja que sus músicos hagan pinitos en el disco. De ahí la complejidad de los ritmos, la aparición de voces (en la esquelética versión de "Everybody's Got To Learn Sometime") y la profusión de vibráfonos. Y fruto de esa idea de variedad es de donde llega una última clave que da sentido al disco: " Yesterday and today" está pensado para ser disfrutado en vinilo. En ese formato cada cara obedece a una estética diferente, y las pausas necesarias para ir cambiando de una a otra aportan coherencia al discurso, le dejan respirar. La cara A, con la apertura onírica de "I Have The Moon, You Have The Internet" y la citada "Everybody's Got To Learn Sometime" supone un suave masaje con el que ir preparando la oreja; da uno entonces la vuelta al vinilo y se tropieza con "Leave It", un empujón hacia la senda cósmica, un aviso de la explosión que se produce en la tercera cara, donde un "Yesterday and Today" rocoso, sustentado sobre los ritmos que fabrica John Stainer (el impresionante percusionista de Battles), y sobre todo ese pedazo de single que es "The More That I Do", aportan los momentos más ‘bailables’ del lote. La última cara, la D, se dedica por completo a "Sequenced", una epopeya cósmica, que se extiende durante quince minutos que son pura gloria, antes de desvanecerse poco a poco. Salta la aguja y no queda más remedio que contener una lágrima.

Vidal Romero

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