Yes Is More Yes Is More

Álbumes

Danton Eeprom Danton EepromYes Is More

6.9 / 10

Danton Eeprom  Yes is more FONDATION- INFINÉ

Hombreras, tupé y cadena de cruz rasgando el lóbulo. Bombachos. Torera. Eyeliner como negruzca pezuña clavada en el lacrimal. “Thanks For Nothing”, el tema que da comienzo a “Yes Is More”, es un caldo ochentero de finísimo bouquet y aromas de laca siniestra. Todo funciona perfectamente en este ensamblaje electro pop sintético de pucherito plumífero: los ecos de The Human League, Boy George y Kraftwerk hacen burbujear la voz del viejo Danton Eeprom como si fuera una diva gótica. Las castañuelas electrónicas, los sintetizadores afectados, las guitarras eléctricas kitsch, todos los elementos incluidos en los casi seis minutos de temazo orbitan en perfecta sincronización para dejar claro, incluso ante los más incrédulos, que este francés de aspecto dejado y abundante sebo capilar produce como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, amén.Con remezclas para Little Boots, Simian Mobile Disco o Royksöpp como aval de respeto entre sus iguales, y una larguísima lista de doce pulgadas reposando de minimal-trance apoteósico a sus espaldas (recordemos aquellas bombas pinchadas por James Holden como “Face Control”, en Fondation, y “Wings Of Death”, en Infiné), Eeprom ha dibujado una trayectoria sonora sin patrón de búsqueda, saltando de etiqueta en etiqueta, polinizando con sus estambres toda forma de vida musical afín a sus eclécticas apetencias electrónicas. Este LP responde al espíritu ondulante y a la hambruna estilística del fundador del sello Fondation. Aunque las costuras del traje son claramente retro (los 80 pueden masticarse como si fueran pegajoso chicle) y el calzado estilo Aladino, “Yes Is More” resulta ser una travesía cargada de ambigüedades en la que ora suena una balada pepona con más sintetizadores que un concierto de Bros (deliciosamente afectada “Vivid Love”), ora suena una himno electrohouse de nueve minutos para amansar las pupilas luminiscentes en las negras profundidades del océano dancefloor (virológica y ketaminera “Tight”).Lo mejor de todo es que, cual Hércules galo, Danton acomete con gallardía y amor por el detalle los doce trabajos que componen “Yes Is More”, una docena de piezas bien cinceladas y trabajadas en una fragua electrónica que, a pesar de lo liviano, incluso superficial, de muchos de sus cortes, sólo admite forjas preciosistas en términos de producción. Sus canciones van más allá del mero divertimento electrónico, pues encuentran en los sintetizadores y los añadidos de instrumentación real un perfecto relleno que en manos de otros costureros podría considerarse simple paja. Así, el francés, enjuaga la indefinición e irregularidad del cancionero con unas elegantísimas maneras en la producción que hacen brillar un vellocino de bronce sin pulir como si fuera de oro. No es Ivan Smagghe, es decir, pero le anda cerca.También juega con maestría la carta de las atmósferas. Un desarrollo como “Desire No More” –pieza oscura, gótica, encorvada, con voz de ultratumba y electro reptante– ejemplifica lo bien que Eeprom sabe convertir una simpleza tejida con dos puntadas en un aparatoso bordado de sintetizadores. Hace lo propio con el magníficamente edulcorado dúo con Erika Spring Foster. Ni más ni menos que una reconstrucción del “Lost In Music” de Sister Sledge, cocinada, ahumada y servida a la noruega: sintes quemándolo todo, ambientaciones disco-barrocas, ritmo microscópico y voz de elfa. Los mismo que en “The Feminine Man” –con la francesa Chloe Thevenin–, pero esta vez en plan ultraminimal, con susurritos sucios y una carga sexual que convertiría en pulpa todos los candelabros de casa del Marqués de Araciel –esos gemidos de Danton, por Dios: parece que Evangeline Lilly le esté practicando una fellatio–. El componente teatral, deliciosamente histriónico de muchos cortes, es un activo muy valioso en las producciones de “Yes Is More”, qué duda cabe, y Eeprom se crece en la sobreactuación (atención al trip hop psicodélico de “Attila”, tiene su morbo). Pero lo mejor de todo este embrollo es que cuando hay que ponerse el mono de trabajo y regalar himnos para pulir el parquet con sudor, el francés cornea con el disco-funk de “Stilettos Rising”, se revuelve con el electro-house jacoso cocinado à la Cadenza de “Unmistakably You” y nos asesta la coz definitiva en el mentón con la lisergia deep de la ya conocida –seguramente es su tema más célebre– “Confessions Of An English Opium Eater”: diez minutos de hipnosis al más alto nivel.Por cierto, los que siempre han tenido dudas acerca de los productores/vocalistas ya pueden ir mordiendo un trozo de madera y aguantando el dolor, porque Danton Eeprom canta. Y le gusta oírse, aunque nunca en exceso. Quede en su descargo que tampoco tiene garganta de almeja y al menos obtiene melodías decentes con los cuatro gorgoritos ochenteros que ha aprendido, lo que ya es un logro entre los de su género. Óscar Broc

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