YOKOKIMTHURSTON YOKOKIMTHURSTON

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Thurston Moore Thurston MooreYOKOKIMTHURSTON

3.5 / 10

Mientras escribo estas líneas debo confesar que es más que probable que una vez entregada esta reseña no vuelva a escuchar jamás “YOKOKIMTHURSTON”, al menos no íntegramente. Y es que durante las seis ¿canciones? (de alguna forma hay que llamarlas) que dura el disco Yoko Ono no hace más que gemir y gritar, algo que puede ser muy interesante en una performance o en un recital experimental, pero escucharlo así del tirón, francamente, requiere altas dosis de paciencia, o ganas de torturar al vecino. Hasta la guitarra de Thurston Moore y el bajo de Kim Gordon quedan totalmente anulados por los aullidos y gemidos que emite Yoko Ono.

Es cierto que ya habíamos tenido un aperitivo de lo que se avecinaba en su actuación en el Orpheum, pero dada la afición del trío a experimentar sobre el escenario, tampoco era descabellado que el disco fuera por otros derroteros. Sin embargo, parece que han optado por llevar al estudio toda la improvisación al estudio, y si bien eso no es necesariamente malo, no tiene por qué funcionar en un disco, y en este caso, por desgracia, no funciona: con temas que superan que tienen una media de 10 minutos de duración, una propuesta tan arriesgada pierde mucho descontextualizada. ¿Ejemplos? “ Let's Get There”, que sin duda tiene que ser brutal sobre el escenario, pero que es improbable que acompañe a alguien mientras lee, trabaja o pasea por la ciudad... y teniendo en cuenta que la separación de Kim Gordon y Thurston Moore, las probabilidades de escuchar este disco en directo son improbables.

Pese a todo, “YOKOKIMTHURSTON” no está exento de alguna virtud. En primer lugar, tenemos a una Yoko Ono que mira a sus orígenes y que se aleja del pop plástico de los últimos tiempos (aunque un término medio habría sido maravilloso). También descubrimos que Gordon y Moore son capaces de evocar con sus guitarras la música tradicional japonesa. El disco, además, se postula como la banda sonora perfecta para consejos de ministros apocalípticos y momentos de absoluto desasosiego. Pero más allá de eso, este álbum no supera la anécdota.

No nos engañemos: estamos ante el típico disco que el pedante de turno defenderá a capa y espada para epatar al personal y dárselas de culto y oscurantista, pero la realidad es que escucharlo, escucharlo, pocos lo harán.

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