Wu-Massacre Wu-Massacre

Álbumes

Meth-Ghost-Rae Meth-Ghost-RaeWu-Massacre

7.6 / 10

Meth-Ghost-Rae  Wu-Massacre DEF JAM

“Wu-Massacre” es como si Dwyane Wade, Carmelo Anthony y Kobe Bryant decidieran formar un equipo de baloncesto callejero para pasar el verano. La idea no va más allá de ese concepto: se juntan las tres mejores firmas de Wu-Tang Clan –en este caso, Method Man, Ghostface Killah y Raekwon–, graban un disco sin pretensiones, sin forzar la máquina más de la cuenta, a medio gas, refuerzan su propio valor artístico en detrimento de otras novedades surgidas del mismo entorno –el chapucero nuevo álbum de Inspectah Deck, por ejemplo–, complacen a los fans más puristas del colectivo y, de paso, se aseguran un par de meses de diversión, jolgorio y convivencia full time. La jugada parece redonda, sobre todo porque el comprador o descargador potencial del disco se verá recompensado con una magnífica selección de beatsy rimas herederas de la mejor tradición Wu. Ante todo, hay que contentar al cliente: ni rastro de fraude o tomadura de pelo.

De hecho, el carácter totalmente lúdico e intrascendente de la grabación no se detecta en la calidad del contenido estrictamente musical, en todo momento notable, sin bajones, sino en otros aspectos quizá menores: la duración, media hora de reloj, ni más ni menos, lo justo para convertirse en álbum y no tener la sensación de que, en realidad, parece más un EP largo; la escasa, por no decir inexistente, cohesión conceptual, temática y narrativa de las canciones, un elemento indispensable en la genealogía del clan y que aquí está mucho más desdibujado; y por supuesto, la evidente falta de ideas imponentes, ejemplificada en la pereza creativa de sus miembros, que tiran por la vía fácil de las continuaciones de clásicos de su trayectoria: “Criminology 2.5” es la nueva entrega de “Criminology”, de Raekwon, y “Mef Vs. Chef 2” es la segunda parte de “Meth Vs. Chef”, ésta de Method Man. Sumémosle un par de skits (con el grandioso Tracy Morgan, eso sí) y rápidamente veremos que casi medio disco está hecho por la patilla, a salto de mata.

Todo esto sería un condicionante de peso si, una vez puestos en faena, el resultado no fuera meritorio. Es decir: si tienes la sensación de que no ha habido mucho esfuerzo ni trabajo en una obra que, además, no está a la altura de las expectativas, te sientes doblemente estafado. No es el caso. Por muy frívolo y desenfadado que sea el proyecto, seguimos hablando de tres de los mejores MCs de los 90 y de la delantera atacante de Wu-Tang Clan. Así como Wade, Anthony y Bryant (más de uno se estará preguntando dónde está Lebron, pero si tuviera que hacer un equipo de street basketball siempre antepondría la técnica y la clase al músculo) nunca se dejarían ganar un partido, por pachanga que fuera, estos tres rappers demuestran en “Wu-Massacre” que, incluso sin la motivación de un gran disco o la ambición de un gran proyecto, están suficientemente capacitados para entregar hip hop sólido, intenso, muy volcado en la idea de recuperar la llama de la golden era del clan. Y ahí es donde el álbum te conquista, por breve, deslavazado y perezoso que te parezca.

Si tuviera que ubicar el sonido de “Wu-Massacre” lo situaría con toda claridad en la estética de “Supreme Clientele”, de Ghostface Killah. La cara más soul y emocional del grupo, lluvia de samples de los 60 y los 70, esencia soulful, beats gordos y estridentes y canciones cortas, de tres minutos, casi todas ellas trepidantes y muy impulsivas. No estoy diciendo que se acerque o que podamos compararlo con la obra magna de Ghostface y una de las más rotundas de la década pasada, pero si rememoramos a qué sonaba ese disco podremos hacernos una idea de por dónde van los tiros aquí. Ejemplar aportación en los beats de RZA, Mathematics, Scram Jones, Ty Fyffe o E Meal, que chutan de hip hop terso y negroide las rimas aceleradas del triplete. No cambiarán el rumbo del género ni suben el listón de, por ejemplo, “Only Built 4 Cuban Linx, Pt. II”, pero en su justo contexto de entretenimiento estelar funciona realmente bien. Y claro, a un buen presupuesto de producciones se le añade la explosiva química entre los tres. Si algo caracteriza su relación como MCs es la excitante, divertida y contundente compenetración que muestran cuando agarran el micro y se reparten una canción entre los tres. Es lo que da sentido a la idea de supergrupo o superequipo: esa capacidad para divertir al público divirtiéndose ellos mismos, contagiando en todo momento sus buenas sensaciones. Ese es el pálpito, el feeling, que lo impregna todo: de la misma forma que pagaría sin dudarlo por ver una pachanga de Wade, Anthony y Bryant también lo haría, y de hecho así ha sido, por escuchar media hora pletórica de Method Man, Ghostface y Raekwon.

David Broc

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