Wrecking Ball Wrecking Ball

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Bruce Springsteen Bruce SpringsteenWrecking Ball

6.4 / 10

Bruce Springsteen siempre ha sido la voz de los perdedores, el guía espiritual de aquellas almas errantes que andan en busca de su buena estrella en un terreno hostil que les humilla diariamente por un puñado de dólares. Como buen predicador que es, en la gran mayoría de ocasiones ha enmarcado su discurso en el contexto socio-político que azotaba a sus compatriotas. Ya fuese narrando la cara menos amable del sueño americano en plena efervescencia de la era Reagan en “Nebraska” (1982), animando a los suyos a superar el trance del 11-S en “The Rising” (2002) o haciendo campaña en pro de Obama en el tarado “Working On A Dream” (2009), Springsteen ha sido uno de esos artistas de los que, cuando les apetece, se comprometen en aquello que le quita el sueño sin temer a los detractores que puede ganarse por el camino (para muestra aquel “American Skin (41 Shots)” que entonó en 1999 en el Madison Square Garden para denunciar la muerte del inmigrante Amadou Diallo a manos de la policía neoyorquina). Su discografía está llena de nombres propios, personajes bordados por lo ficticio que podrían lucir perfectamente nuestro apellido. Por eso mismo no debe extrañarnos que ante la superlativa depresión económica que azota medio mundo, haya decidido apuntar con sus balas musicales al que para él es el demonio personificado en estos momentos de incerteza: Wall Street.

El Boss podría haber plantado cara al enemigo en “Wrecking Ball” de muchas maneras, pero al final ha decidido unificar las voces de otros trovadores y géneros propensos a la canción protesta (de los desarraigados) tal como en ocasiones anteriores había hecho. Más allá de “We Take Care Of Our Own”, o el tema titular que interpretó por primera vez en el estadio de los Giants en 2009, aquí hay poco (por no decir nulo) lucimiento para la avasalladora maquinaria de la E Street Band. La fiereza del rock ha dado paso a la comunión del folclore irlandés ( “Shackled And Drawn”), la contestación propia de Woody Guthrie o su querido Pete Seeger tras el tributo que le dedicó en 2006 en “We Shall Overcome: The Seeger Sessions” ( “Easy Money”), la denuncia tabernaria a lo Johnny Cash ( “We Are Alive”) y los coros ornamentales del gospel como acompañamiento de este panfleto de resistencia social. He aquí el motivo por el que su nombre, y no el de la E Street Band, figura en grande en la portada del disco.

Si tiramos de hemeroteca, acerca de este “Wrecking Ball” se dijo que contendría una serie de elementos novedosos en su discografía. Que no cunda el pánico. Al final, más allá del intrascendente rap que Michelle Moore se marca en “Rocky Ground”, las alarmas no han sido para tanto. No obstante, eso no quita que la decisión del productor Ron Aniello de impregnar algunos de los temas con cajas de ritmo (lo que ocurre por ejemplo en “This Depression”, tal como anteriormente aconteciera en “Missing”, una de las rarezas noventeras que podía encontrarse en el recopilatorio “The Essential”) o invitar a Tom Morello de Rage Against The Machine para que toque la guitarra en ese vals de fanfarria titulado “Jack Of All Trades” y nos haga preguntarnos por qué Springsteen desaprovecha conscientemente el talento de bestias pardas de la mítica E Street Band como el aplacador Max Weinberg o Nils Lofgren, que aquí figuran en los títulos de crédito de forma estrictamente testimonial.

La ausencia de Clarencia Clemons también es más que notable. El ‘Big Man’ (aparte de en “Wrecking Ball”) reaparece de manera póstuma en la ya conocida “Land Of Hope And Dreams”. Aunque algo falla cuando la versión de estudio del tema no consigue acercarse a la sombra de aquellos sobrecogedores directos en los que, en 1999, la estrenaba con motivo de su gira de reconciliación con la E Street Band. De esto peca precisamente el disco. Springsteen mantiene el tipo y sigue demostrándonos que tiene cosas que contarnos tras dieciséis LPs a su espalda. Sin embargo, la emoción, los pelos como escarpias, la épica marca de la casa y los himnos atemporales se diluyen entre recursos facilones que no pueden hacer frente a las joyas inmaculadas de su carrera. En directo, el hábitat en el que actualmente muy pocos (por no decir nadie) pueden hacerle sombra, tendremos una ocasión magnífica para comprobar el calado real de estas nuevas canciones.

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