Wow Wow

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Mouse On Mars Mouse On MarsWow

7.2 / 10

Casi seis años para grabar “Parasthropics”. Un par de semanas para parir “Wow”. Paciencia contra urgencia. Dilatación versus contracción. El salto que hay del anterior álbum de Mouse On Mars a este mini LP –apenas nueve meses– puede parecer corto si nos dejamos engañar por nuestro cerebro y entendemos el tiempo de forma lineal. Disquisiciones que a Andi Toma y Jan St. Werner les suenan a música celestial, pues queda claro que para ellos, pasado, presente y futuro acontecen de forma simultánea; da igual el calendario o el avance del reloj, su música se esparce por el tejido espacio-tiempo como una onda, alargando y encogiendo dramáticamente su frecuencia sin que su sello identificativo se vea corrompido. Mouse On Mars, en definitiva, suena siempre a Mouse On Mars, aunque el dúo le dedique centurias o una sola tarde a la fragua de sonidos crujientes.

Tratan de vendernos desde Monkeytown –sello de Modeselektor– que “Wow” es la respuesta animal, casi irracional a las miles de horas de estudio y a los millones de neuronas invertidas en la creación de “Parasthropics”. Una pataleta rabiosa. Un arrebato de beats con aroma pistero para contrarrestar la ingravidez de su predecesor. Hombre, los ideólogos del sello berlinés tienen algo de razón, pero se pasan. Lo cierto es que no hay tanta diferencia entre el material de “Wow” y su predecesor. Ambos persiguen los mismos fantasmas de electrónica cubista, pero en este mini álbum de 33 minutos de duración se aprecia un grado de tensión y un afán por desintegrar cajas torácicas bastante más pronunciado. Sólo eso. Uno saca la conclusión de que Toma y St. Werner se querían demostrar a sí mismos que podían empaquetar buenos tracks en un espacio de tiempo ridículo, y que además podían sonar más agresivos y “bailables”. A mi modo de ver, lo han conseguido.

Posiblemente, “Wow” figurará en la leyenda de Mouse On Mars como un disco anecdótico, incluso apresurado, pero también resulta impepinable su efectividad como medicina vigorizante. Lo que hacen aquí los de Colonia es pellizcar las nalgas de su biblioteca de sonidos hasta dejar moratón azulado. Y también acompañarse de curiosos colaboradores: el perfomer vietnamita Dao Anh Khanh, el grupo de punk argentino Las Kellies y el productor Eric D. Clark. La base de esta potente droga es muy sencilla: hip hop, IDM psicodélico, polirrtimias barrocas, tormentas de efectos microscópicos, y destellos de dubstep, wonky y funk deconstruido. Y todo a una velocidad pelín superior a la habitual y un sentido del humor más a cara de cánido. De eso se encargan los graves en modo bounce que abastecen de energía al aparato locomotor del disco –impresionante el tembleque en “Sun” y en la gélida “ACD”, dub en 8bits, cocinado al estilo marciano–, así como el ligero desquicie de algunos cortes: el electro micrófilo, deforme y parcheado hasta la extenuación de “Can”; el dubstep estriado, estridente, cocinado a base de pequeños sonidos que van y vienen como insectos digitales, de “Vax”; la exhumación de J Dilla vía Flying Lotus pasado de setas alucinógenas de “Ape”. “Wow” es un trip imprevisible de un grupo que trasciende los estilos para convertirse en un estilo. Mouse On Mars ejerciendo de Mouse On Mars, pero con la mandíbula apretada: not bad.

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