Wounded Rhymes Wounded Rhymes

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Lykke Li Lykke LiWounded Rhymes

8.1 / 10

Lykke Li  Wounded Rhymes LL RECORDS

De niña a mujer. La joven Li Lykke Timotej Zachrisson tenía 19 años cuando empezó a preparar su fabuloso debut “Youth Novels”. Una pícara cría que hoy, con 24, se presenta hecha a sí misma como toda una hembra de armas tomar. Cansada de la imagen que generó aquel trabajo, Li se deja de medias tintas en esta nueva entrega. Nada de delicadezas ni caprichos de mediodía, fuera las monerías. Le han pasado un montón de cosas increíbles en los últimos tiempos y no ha podido resistirse a soltarlas a bocajarro en un disco que, aunque más espinado, suena más alto y grande, mejor. Además de dar la impresión de que han debido romperle el corazón no hace mucho, “Wounded Rhymes” la presenta como una persona mucho más curtida, especialmente por lo que se refiere a su condición de fémina. “La industria musical te coloca en una esquina simplemente por ser mujer. Lo que yo quiero es luchar con los hombres”, ha dicho. Fascinada por Simone de Beauvoir y Gena Rowlands –la sombra de “El Segundo Sexo” es aquí tan alargada como la de “Una Mujer Bajo La Influencia”–, la nueva Li se expande la mejor dirección posible y, harta de la impresión que muchos se forjaron de ella, deja bien clarito que también puede ponerse guerrera y nocturna.

Si el inocente “Novelas De Juventud” era el álbum de los despertares, este “Rimas Heridas” es un disco de enfrentamiento a la edad adulta. Li había advertido que sería más directo y violento, y no mentía. Su suave dream-pop de 2008, salpicado de electro y soul, deviene aquí en una suerte de blues industrial influido por la ciudad de Los Ángeles, adonde huyó para escribirlo intentando escapar de los crudos y aburridos inviernos nórdicos. Los contrastes de la gran urbe americana se plasman así en un descarado repertorio, siempre primario y sexy, que amplifica todas las virtudes que asomaban en su predecesor: su valiosa voz, los curiosos tejidos instrumentales sobre los que ella se desenvuelve con soltura y, sobre todo, esa exquisita capacidad para conjugar oscuridad y luz, salado y dulce, distancia y tacto. La ajada belleza de estas canciones, anunciada ya desde la preciosa portada, le debe mucho a un sembrado Bjorn Yttling que repite en tareas de producción, recuperando por momentos espartanas texturas que no caen muy lejos de las de aquel sobresaliente “Writer’s Block” que sus remolones Peter, Bjorn and John parecen negarse a volver a escribir.

Musicalmente, “Wounded Rhymes” se nutre de tres ingredientes básicos, todos fuertemente trazados en blanco y negro: el candor del muro de sonido spectoriano (deliciosa “Sadness Is A Blessing”), el abatimiento de unas baladas que son fuego en el cuerpo ( “Unrequited Love”, un blues como una casa que haría suyo sin problemas la Julee Cruise de “Twin Peaks”) y, último pero no menos importante, esos ritmos tribales que discurren por todo el álbum como una corriente subterránea. Es esta influencia africana a base de rudimentarios Hammonds, a la cual daremos en llamar industrial, la que más diferencia a este álbum de “Youth Novels” y la que más pistas aporta a la hora de determinar el lugar que debería ocupar Lykke Li dentro del panorama pop actual: el de una loba con piel de cordero muy cercana a sus compatriotas The Knife, o a Fever Ray si lo prefieren: “Silent My Song” y “I Follow Rivers” podrían fácilmente ser de los hermanos Dreijer. Junto a ellos, y sin olvidar la refracción en la gran pantalla de Tomas Alfredson y su celebrada “Déjame Entrar” (2008), podría darnos pie a hablar de una Santísima Trinidad cuyo cometido sería el de renovar esa ñoñería sueca de remilgados aires twee que ya empezaba a empalagar.

Cristian Rodríguez

Lykke Li - Wounded Rhymes (Hype Machine Album Exclusive) by LykkeLi

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