World Peace Is None Of Your Business World Peace Is None Of Your Business

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Morrissey MorrisseyWorld Peace Is None Of Your Business

6.9 / 10

Desde Years Of Refusal, editado en 2009, Morrissey ha pasado más tiempo recuperándose de enfermedades, escribiendo su autobiografía y rajando por doquier que dedicado a su carrera musical. Y no por voluntad propia. El mancuniano no encontraba sello para sus nuevas canciones pese a que tenía un buen puñado y, por lo que se había podido escuchar en vivo, prometían mucho. Muchos ya temían lo peor: canciones como One Day Goodbye Will Be Farewell, incluida en aquel álbum, y declaraciones que hizo por aquella época venían a sugerir que Moz no iba a continuar mucho más en la música. Pero entonces apareció Harvest, quien le dio por fin cobijo, y Morrissey se encerró en la Provenza junto a sus compañeros de banda y el productor Joe Chiccarelli para dar forma a este World Peace Is None Of Your Business que llevaba años madurando.

El disco quizás no llegue en el mejor momento de la carrera de Morrissey, pero sí en el que mayor exposición mediática tiene el artista a tenor del impacto que causa en la prensa cada cosa que dice o hace. Consciente de esa circunstancia, Moz ha jugado sus cartas con una campaña de promoción en la que se ha rodeado de personajes de calado popular como Nancy Sinatra y Pamela Anderson para ir presentando canciones, pero lo cierto es que, salvo Istanbul, los adelantos no prometían grandes cosas. Istanbul es puro Moz. De hecho, todo el álbum es exactamente lo que podrías esperar de él y puede compararse fácilmente al material de su última época. Hay letras muy explícitas, medios tiempos de poner la piel de gallina, cuerdas elegantes, breves números con aroma a The Smiths y todo lo demás. Pero lo que más llama la atención de este trabajo es el aire mediterráneo que respiran sus piezas, especialmente por lo que se refiere a las guitarras aflamencadas y los teclados. Tampoco es algo nuevo en el mundo de Morrissey, pues When Last I Spoke To Carol ya tenía ese rollito. Hay momentos en los que le sale bien la jugada, como en la citada Istanbul, y otros en los que se pasa de hortera ( Earth Is The Loneliest Planet, con acordeón incluido).

En lo que se refiere a las letras, pasa tres cuartos de lo mismo. Hay versos que están bien resueltos, especialmente en la demoledora canción titular, donde carga contra la alta política y cita de paso conflictos como el ucraniano y el egipcio. Otros en los que se nota que de ego va sobrado ( “I’m not a man / I’m something much bigger and better than a man” canta en la épica I’m Not A Man, para luego ponerse la medallita por vegetariano y ecológico). Pero luego hay momentos líricos que son casi de vergüenza ajena. Como las rimas de niño de ocho años de The Bullfighter Dies, una canción que hay que tomarse como lo que es: poco más que un divertimento que sirve para recordar los tiempos de The Smiths. Por lo demás, tenemos los temas recurrentes en el cancionero de Morrissey, con letras que hablan sobre las altas exigencias de unos padres hacia su hija universitaria ( Staircase At The University) o sobre la violencia doméstica ( Kick The Bride Down The Aisle).

Entonces, ¿funciona este disco? A medias. Hay momentos verdaderamente inspirados, pero por lo general queda una sensación de oportunidad perdida. La mayoría de estas canciones son como versiones menos potentes de otras que ha hecho en el pasado y el componente mediterráneo ya hemos dicho que no siempre funciona. A esto hay que añadir una duración quizás excesiva. El disco se hace realmente difícil de digerir de una sentada, sobre todo en su tramo final. Si hubiesen aplicado sabiamente la tijera o si hubiesen incluido alguno de esos maravillosos bonus tracks que incluye la versión deluxe del álbum, hablaríamos de otra cosa. World Peace Is None Of Your Business es un álbum de seis bajo, pero se salva por esos extras maravillosos (por ejemplo, One Of Our Own, que es un clásico instantáneo, como lo fue en su día Ganglord, otra cara B).

Afortunadamente, parece que ésta no va a ser la carta de despedida de Moz, porque su contrato es para dos discos. Crucemos los dedos para que ahora que ha encontrado cierta estabilidad las musas le sonrían.

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