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Saint Etienne Saint EtienneWords And Music By Saint Etienne

8.4 / 10

Alguien me ha chivado que este es el mejor disco de Saint Etienne desde “Tiger Bay” (1994) y no seré yo quien le lleve la contraria. Aparte de porque quien me lo ha chivado es Dios, porque no es difícil ver con claridad que estamos ante el regreso de Sarah Cracknell, Bob Stanley y Pete Wiggs por la puerta grande. Reencontrarse de esta manera con unos de los pocos supervivientes natos del pop (como género musical, como decisión estética y, al fin y al cabo, como forma de estar en la vida), se merece un espumoso brindis ante el que uno se pregunta: ¿qué grupo sigue haciendo lo mismo tan requetebien veinte años después?, ¿cuál es capaz de revisitar su leyenda con tanta frescura? Respuesta: sólo algunos escogidos, y casi ninguno de ellos tan adorable como el trío británico. Una genuina sugar band de la que no cansarse nunca.

El titular con negrita es el carácter de disco conceptual, un rasgo que ya conocíamos en Saint Etienne, sin ir más lejos del competente “Tales From Turnpike House” y también, con menor fortuna, de “Finisterre”. Un rasgo que en “Words and Music” funciona mejor que nunca, entre otras cosas por venir marcado por una reflexión meta-artística alrededor de la que dan rienda suelta a sus soñadas teorías como si brincaran como hadas entre las flores. El tema es “la música como viaje vital” y les viene que ni pintado. Saint Etienne, no lo olviden, son un grupo que se estudia la lección como si tuviese examen al día siguiente. Y su asignatura favorita es ésta. De ahí que el resultado de querer explorar esa coartada metamusical se traduzca en una suntuosa oda de amor a este arte, una tan brillante y elegante como fue en 2009 el “Let’s Change The World With Music” de Prefab Sprout.

En Saint Etienne, lo que parece bisutería es puro lujo, lo complejo pasa por ser simple y lo teen pertenece a la década de los 40s. Como decía Genís Segarra recientemente, ellos “tienen la cultura musical de un bibliotecario y la frescura de un novato”, y su grandeza sigue radicando en cómo utilizan eso en beneficio propio. La portada, con 312 de sus canciones favoritas conformando su atlas musical, es de por sí una obra maestra (el original que la inspiró puede reservarse aquí), y títulos como “I’ve Got Your Music”, “Record Doctor”, “Popular” o “Haunted Jukebox” sólo podrían haber sido ideados por alguien que una vez aprendió aquello de que “la nada es sexy”. Y es que geniales bobadas como ese “Peter Gabriel. Peter Gabriel, from Genesis” en “Over The Border”, o el hecho de utilizar el palabro “mississippi” por su mera función cacofónica en “Popular”, hacen que los siempre subyugantes Saint Etienne resulten aquí y ahora especialmente encantadores.

Wiggs ha explicado cómo durante la gestación del disco resultó clave tener que repasar material antiguo para las recientes reediciones, un dato que resulta esclarecedor y que subraya la idea de estos Saint Etienne como unos Saint Etienne que se mirasen así mismos desde fuera, puliendo detalles sólo con suavizar unas líneas, sin ni siquiera renovar colores. Algo en “Words And Music” nos dice que han debido cambiar para seguir siendo los mismos de antes, los que hibridaban a Free Design con Étienne Daho y a Bacharach con The Orb. Y no sólo eso, sino que parecen haber tomado conciencia de ello en un panorama diferente del que les vio nacer y en el que, es más, sus nuevos oyentes parecen saberlo casi todo sobre la historia del pop. La doble pirueta que ello implica la ilustran con sarcasmo (ojo al título en forma de créditos) y, quizá me esté poniendo yo mismo demasiado meta, pero es la que nos permite comprobar cómo esa idea de espejo presente en la superficie subyace por igual en la nada superficial filosofía de la banda.

Las canciones discurren como una autopista con poquísimas curvas, entre acelerones de Richard X y Tim Powell ( “Tonight”, “I’ve Got Your Music”), exquisitos cambios de marchas ( “Heading For The Fair”, “Last Days Of Disco”) y peajes que nos llevan hasta la adolescencia del grupo en Croydon (fantástica “Over The Border”). El andamiaje conceptual está bien armado y hace que el conjunto no se tambalee en ningún momento. Aunque les guste caminar siempre juntos, los hits explotan a solas, por separado, engatusando con eclécticos gestos que incluyen guitarras flamencas, luces houseras o flautillas folkies. Todo brilla conglomerado y permeable, como un buenísimo maquillaje con el que disimular arrugas para que no se note ni una. “Words And Music” es eso. Un fabuloso retorno a la juventud de Saint Etienne con la sabiduría que sólo puede aportarles el conocerse a sí mismos. Un regreso a la posibilidad tanto de bailarlos como de pensarlos.

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