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Orbital OrbitalWonky

7.1 / 10

De buena mañana te levantas, llegas a la oficina, abres el correo y te encuentras en el GTalk un enlace de tu jefe que te lleva a un álbum. Te dice que es una de tus tareas prioritarias. Entras y ves que es “Wonky”, el primer disco de Orbital en ocho años y te da un vuelco al corazón. Sí, más grande que cuando los anunciaron para Sónar 2009. Y entonces, mientras ves cómo la barra de descarga va avanzando lentamente (en realidad se baja en dos minutos, pero esa espera se hace eterna), empiezan a pasarte mil cosas por tu cabeza. Veamos: los hermanos Hartnoll se separaron en 2004 tras publicar el disco azul y “The Altogether”, de largo, lo peor que habían hecho jamás. Durante unos años, Phil nos dio la tabarra con sus sesiones y destrozó algún que otro tímpano refinado con aquel proyecto que nadie recuerda junto a Nick Smith, Long Range. La aportación de Paul al mundo de la música en la pasada década fue algo más digna, con dos maxis que valen su peso en oro para Kids (en uno de ellos cantaba Robert Smith). Luego ya anunciaron su vuelta al ruedo para celebrar el vigésimo aniversario de ese himno imperecedero que es “Chime”. Las nuevas generaciones lo vibraron, otros dijeron que era una sombra de lo que habían sido en el pasado. En 2010, cuando ya todos los podíamos haber visto en directo sacaron un doble sencillo, “Don’t Stop Me / The Gun Is Good” que dejó sensaciones agridulces. Finalmente, en octubre de 2011 llegó el notición: habría nuevo largo para abril. Hasta el día de hoy, todo lo que se había podido escuchar, es decir, “Never”, “New France” y “Straight Sun”, generaba buenos presagios. Pero tras un periodo tan largo de barbecho discográfico, ¿iban a estar a la altura de las circunstancias? ¿Podrían conseguir otro disco marrón?

La descarga por fin termina y una vez introducido en tu reproductor, pones los altavoces al máximo y empieza tu experiencia con “Wonky”. El arranque, “One Big Moment”, es magnífico, con una serie de samples vocales de fuentes desconocidas que contribuyen a crear atmósfera e incrementar el hype. Los hermanos reparten el juego entre una melodía de esas preciosistas que sólo ellos saben manufacturar y unos ritmos rotos e interferencias. No es un gran momento como dice el título porque la canción recuerde a los mejores Orbital, sino más bien porque estás escuchando un nuevo álbum suyo que, por lo menos, de momento está a la altura de las expectativas. Esto se acentúa en el siguiente corte, “Straight Sun”, con unos ligeros toques a lo “In Sides”, evocación a la etapa dorada de la ciberdelia, un desarrollo muy interesante (de los pianos del principio al 4x4 de toda la vida) y una complejidad mayor que la de su predecesora y su sucesora, “Never”. Esta última fue lo primero que pudimos escuchar de la vuelta de los hermanos de Sevenoaks, y sigue brillando tanto como el primer día. Es la típica canción de lágrimas en los ojos que querrán escuchar los que se ponen en modo repeat cortes como “Belfast” y “Halcyon + On + On”. El beat tarda más de dos minutos en entrar y antes estás bañado en un mar de pads y voces femeninas. Gloria bendita.

“New France” concluye este largo tramo de adelantos. Tras progresivas escuchas parece ser el mejor tema del lote y a la vez el más arriesgado. Los Hartnoll nunca se han pasado a la hora de llamar a artistas invitados, por lo menos, no como The Chemical Brothers. Cuando Alison Goldfrapp cantó en las apoteósicas “Sad But True” y “Are We Here?” de “Snivilisation” no era nadie, pero Zola Jesus, a estas alturas sí lo es. Y cuando te enteras que una personalidad y una voz tan fuerte como la de Danilova va a compartir protagonismo con Orbital te entra tanto canguelo como excitación. Había cierto temor que la diva gótica se hiciese propia la canción, pero nada más lejos de la realidad. Se junta lo mejor de los dos talentos para crear una canción épica, capaz de reventar cualquier fiesta. Vamos, como ya lo hizo ella con “Intro” de M83.

La tensión se rebaja con “Distractions”, pero no la calidad. Aquí volvemos a los ritmos rotos, a las melodías de ensueño y a esas voces tan Orbital. Todo ello confiere al corte un toque casi eclesiástico hasta la mitad de la pieza cuando las texturas sintéticas se vuelven mucho más pesadas y conducen a un tramo final más desenfrenado. La canción se acaba fusionando en “Stringy Acid”, de nuevo, otro título la mar de apropiado, porque el tema es exactamente lo que sugiere, un techno clásico, con mucha clase y denominación de origen Detroit, cargado de cuerdas y salpiconazos acid. Ponértelo es como volver a la Motor City en algún punto determinado de finales de los 80s y ver pinchar a Juan Atkins, Derrick May o Kevin Saunderson. Pero el buen rollo que genera esta pista se desvanece en el tramo final de “Wonky”.

Hasta ahora, el álbum ha estado cargado de sonidos clásicos, sin grandes sorpresas (con la excepción de “New France”). Pero en las dos siguientes piezas Orbital experimentan con nueva música y la cosa no acaba de funcionar. Como algunos sabréis –o intuiréis por el título–, “Beelzedub” es la enésima reconstrucción de “Satan”. El problema es que han modificado esta sacra (el adjetivo chirría, ya) canción tantas veces que uno ya se ha cansado. ¿Alguien ha escuchado una versión mejor que la original? Si espera encontrarla aquí, mejor que se vaya olvidando, porque la cosa va de introducir elementos dubstep con bajos más sucios que las uñas de MacGyver. La bacanal final drum ‘n’ bass tras una decena de escuchas aún no sé si dignifica el tema o me horripila. Así se llega hasta el tema que da título al disco, “Wonky”, en la que participa Lady Leshurr, una MC pujante que algunos dicen que es Busta Rhymes en mujer. No termina de empezar mal la cosa con esos broken beats, pero en cuanto asoma la voz de la chica, la cosa degenera. Sus rapeos destrozan un corte que ya de por sí es tirando a mediocre, a ratos llega a ser verdaderamente irritante y manda narices que los únicos momentos aceptables sean los de ese tramo central en los que canta en lugar de rapear. Efectivamente, es wonky, con sus subidas y bajadas, pero llegan tarde, hay demasiados ejemplos mejores de este género. Garrafón para las masas indigno de los Hartnoll.

La canción final, “Where Is It Going?”, viene a resumir lo que es este álbum. Tiene buenos momentos, como esos sintes analógicos punzantes que pueden hacer mucho daño en el terreno del directo, y otros que son rematadamente insulsos (subidones fáciles y unos beats gordos que provocan dolor de cabeza y suenan totalmente desfasados). Con todo, las melodías marca de la casa hacen que el tema sea puro Orbital. Pues bien, “Wonky” es más o menos eso. Nunca llega al nivel de excelencia de sus primeros cuatro discos y hay canciones olvidables, pero puede rivalizar sin rubor con “The Middle Of Nowhere” y “The Blue Album”. Y si tenemos en cuenta los antecedentes y que este último data del ya muy lejano 2004, estamos ante un trabajo que no mancilla la leyenda de estas figuras de la electrónica y que ofrece bastante más de lo que cabría esperar. A resumidas cuentas, un comeback más que decente.

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