Wondrous Bughouse Wondrous Bughouse Top

Álbumes

Youth Lagoon Youth LagoonWondrous Bughouse

8.3 / 10

Youth Lagoon ha conseguido muy rápidamente que creamos en él no como una de las promesas más excitantes del panorama alternativo norteamericano, sino como una de las realidades más palpables. A finales de 2010, en invierno y recluido en su habitación, mientras alternaba estudios con trabajo, empezó a componer las canciones de su muy notable álbum de debut, que llegó a las tiendas casi un año después, en septiembre de 2011 vía Lefse. Ahí pudimos encontrar unas piezas muy emocionales y psicológicas, en el sentido de que estaban escritas conforme al estado mental de Trevor Powers. Aunque el autor no se cansa de decir que se expresa mejor a través de sus composiciones, también lo hace francamente bien con las palabras. Por entonces explicaba que siempre ha lidiado con una ansiedad extrema, algo que se puede apreciar en buena medida en “The Year Of Hibernation”, de temática autorreferencial. Un disco cargado de letras que nos hablan de sueños, angustias, amores pasados, temores y el aislamiento. Musicalmente el suyo era un dream-pop que aportaba algo nuevo a un género trillado. Su voz era peculiar y hasta afeminada, los temas iban guiados por una percusión muy marcada y por un piano incansable, y se notaba en ellos un gusto por el detalle en el tratamiento de capas y por la experimentación.

En este sentido, es normal que su segundo disco, “Wondrous Bughouse” que aparece sólo un año y medio después que el estreno en largo, haya salido como ha salido. Trevor Powers explica que mucho en este trabajo “estaba influenciado por su miedo a la mortalidad, pero a la vez llegaba a aceptarla”. También se dio cuenta de que “la vida humana es grandiosa por su carácter temporáneo”. Una temática, pues, que se evidencia en temas como “Dropla”, posiblemente una de las mejores canciones que haya escrito. Es todo luminosidad y euforia vitalista, aunque ese “You’ll Never Die” que entona hasta el fin de los días pueda hacernos confundir por cómo lo entona. ¿Es una afirmación optimista o temerosa? Probablemente lo primero. Lo que sí queda claro es que su infinita repetición hace que el verso sea cada vez más demoledor conforme avanza la canción. Entran más y más instrumentos, como esos soberbios violines que irrumpen hacia la mitad, cuando el estado de éxtasis es casi absoluto. La percusión es decidida y potente, pero a diferencia de lo que ocurría con las piezas de su debut, el clímax se encuentra a la mitad y no al final, donde aquí hay una larga outro atmósferica. Una estructura que repite en “Pelican Man”, donde la voz y los instrumentos recuerdan mucho a los Mercury Rev de “Deserter’s Songs”. Hasta tal punto que no extrañaría que Dave Fridmann estuviese metido en el ajo. Y lo cierto es que Youth Lagoon envuelve este álbum de una pátina psicodélica que por momentos también le acerca a los Beatles (esos coros). La pieza tiene uno de esos crescendos que propulsa por encima de las nubes para luego acabar en un mar de piano y distorsión.

Otra de las novedades es que las canciones han ganado en duración. Por ejemplo, “Mute” es la más larga que ha escrito, de casi seis minutos. Y eso redunda en más secciones. La primera es casi celestial con esas campanas, siempre hay algo chocando, estallando, aportando un sonido muy metálico. Luego experimenta con unos extraños sonidos y nos adentra en una suerte de mundo de ensueño, de odisea psych-pop de teclados alocados, épica y melancolía contenida, voz retraída, y algo de extrañeza y asilvestramiento. Se nota que aquí ha crecido en capas de sonido y añade una línea de guitarra que sobresale en la mezcla y toma el protagonismo durante un buen tiempo.

No estará Fridmann, pero sí Ben H. Allen, quien ayudó en la producción y a quien la gente conocerá más por su trabajo en el influyente “Merriweather Post Pavillion” de Animal Collective. Su mano se nota más en “Attic Doctor”, que podría ser la banda sonora perfecta para una feria ambulante o, más concretamente, para un tiovivo. Es psicodelia desbocada y, de nuevo, aquí también se intuyen repetidas escuchas a The Beatles. Sin embargo, es probablemente la peor pieza del lote, pues se hace algo repetitiva, un fallo que es más flagrante en alguien con un prodigioso don a la hora de estructurar las canciones. Afortunadamente le salen mejores resultados en “Sleep Paralysis”, donde parece Deakin y vuelven esos sonidos feriales. Es una pieza algo esquizofrénica, con dos movimientos muy distintos, uno más eufórico incrustado en medio de uno más contenido con el que empieza y termina el número.

“Wondrous Bughouse” es un maravilloso álbum que esconde facetas muy distintas. “The Bath” entra más en sintonía con el espíritu tímido de Trevor Powers. Recuerda bastante al debut. Una canción calmada en la que la voz temblorosa nos hace pensar que esté cantando la canción recluido en una de las esquinas de su habitación. Aquí se oculta en unos pianos y sintetizadores y se aleja de la psicodelia para retomar ese dream-pop de sus orígenes. Y hacia el final del disco aparecen los números más soleados y brillantes. “Third Dystopia” es una pieza muy centrada, de nuevo, alejada del psych-pop, con una instrumentación perfecta y una voz que rinde al máximo nivel y “Raspbery Cane” recoge lo mejor de cada uno de sus dos LPs: las percusiones marcadas del primero y las melodías fantasiosas del segundo. El piano es pura gloria y felicidad, que es exactamente lo que transmite este fabuloso y atrevido álbum. Una obra que atestigua el rápido crecimiento de uno de los artistas más importantes de su generación.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar