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Álbumes

Peter Broderick Peter BroderickWonders

7.3 / 10

ERASED TAPES

La vida, muchas veces, es sencilla y te lleva por caminos lógicos y benéficos. Quizá sea una irresponsabilidad decir algo así con la que está cayendo y con lo mal que lo está pasando tanta gente, pero el ejemplo de Oliveray pone en evidencia lo que durante tanto tiempo aseguró Rousseau, que la naturaleza es buena. Bajo este alias se oculta, de forma muy tímida, la colaboración entre dos de los espíritus más sensibles de la actual hornada post-clásica con amor por el pop y el folk: Peter Broderick por un lado, Nils Frahm por el otro, aportando un total de ocho canciones frescas y perfumadas, tranquilas, bonitas y hechas –o al menos eso se intuye– en un entorno de absoluta paz y felicidad. He aquí dos jóvenes que, sin haber cumplido aún los 30, todo les va le cara gracias a su talento y buena disposición, y que han encontrado el momento para hacer algo bello. En el magnetismo según las leyes de la física, los polos idénticos se repelen. Pero en el magnetismo humano, y sobre todo si esas personas son ricas en su interior, los polos idénticos se atraen y, a veces, hasta se encierran en un estudio para que salgan cosas como “Wonders”.

Editado a principios de diciembre en CD por el sello Cote Labo de Taiwán –o sea, todo aquí es tan poco forzado que se van a publicar el disco con unos fans de la República de China, como si eso fuera algo habitual–, ahora aparece la versión europea en vinilo bajo el manto y con el cariño de Erased Tapes. El contenido no cambia, sólo una facilidad de acceso para quien desee el formato físico, y dentro de “Wonders”, como ya lo dice el título, sólo se encuentran cosas maravillosas. Quizá sean también cosas familiares, pues ya nos hemos acostumbrado al grácil virtuosismo de Nils Frahm al piano y a la fragilidad con la que Broderick canta, toca la guitarra y cuela sonidos entre las pistas de audio como un rumor de la calle que se cuela en la habitación por la ventana, pero no por conocido en sus fundamentos, el proyecto Oliveray deja de ser menos atractivo. El álbum, de hecho, es un grower que, a medida que se escucha, más pequeñas virtudes se le encuentra y mejor aroma deja en la memoria.

“Growing Waterwinds” tiene piano, violín y field recordings, y es música perezosa para una tarde de calor o de ocio, tras –o antes de– una cabezada despreocupada. Frahm toca con suavidad y sin buscar complicaciones y Broderick desliza el violín como si estuviera patinando sobre una larga pista de hielo, y sólo al final hay una sensación de intensidad: una composición que parece poca cosa, pero que deja rastro. “The Book She Wrote And The Time” la domina el violín –tras un preludio en el que aparen los dos músicos charlando sobre lo que van a hacer, como casualmente– y luego la voz de Peter, que enfoca la canción como si fuera una balada celta. A partir de ahí, el disco se divide en dos direcciones, una se supone que indicada por Broderick, cuando la canción está por encima de la textura – “Harmonics”, con su guitarra campestre, “You Don’t Love” y “Dreamer”, que son baladas casi country en las que el de Portland sale a cantar, pero como sin querer–, y otra que se concentra en el impresionismo y en la que manda Frahm. De modo que cada pieza es un dulce caramelo: “Piano In The Pond!” es metronómico y pausado, con dos pianos en sintonía perfecta, uno grave y otro airoso; “Hiding Hydration” aporta unos rasgueos de guitarra planeadores y “Just Resign” más silencio que notas, con el piano medio escondido. Por supuesto, hay mejores discos de Frahm y mejores discos de Broderick en solitario, y Oliveray es, por ahora, un proyecto por desarrollar. Incluso así, deja rastro, un recuerdo agradable, como cuando se sale de la panadería y el olor te sigue acompañando durante un rato, mientras bajas la calle.

Robert Gras

Oliveray - Wonders (3-Track Album Preview) by erasedtapes

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