Wolfroy Goes To Town Wolfroy Goes To Town

Álbumes

Bonnie ‘Prince’ Billy Bonnie ‘Prince’ BillyWolfroy Goes To Town

8.1 / 10

DRAG CITY / DOMINO

Por fin una verdadera nueva entrega del bueno de Will (Oldham). Porque, además de adicto al sangrante folk de vaqueros tristes que jamás tendrán un caballo y que, precisamente por eso, nunca jamás saldrán de su agujero (ya sea taberna o asfixiante cuarto polvoriento), Oldham (mejor, Bonnie ‘Prince’ Billy) es de una incontinencia (compositiva) sobrenatural. El año pasado firmó un más que potable álbum con banda (llamado “The Wonder Show Of The World”), el anterior, otro (poco destacable en su desproporcionada colección, que ya supera los 20 títulos, 20 títulos en 18 años), “Funtown Comedown”, eclipsado por el que hasta el momento era el último disco de Bonnie ‘Prince’ Billy, un estimable aunque poco convincente (por falta de profundidad, la profundidad casi mística de la americana a oscuras de la que Will es casi fundador, del visceral western arrancacorazones que Oldham sabe que puede construir sin problemas) “Beware”, cuyo impacto empequeñece tras la escucha de este, pretendidamente clásico desde la cubierta, “Wolfroy Goes To Town”.

Directamente emparentado con la (formidable y) muy lo-fi era Palace Brothers (y Palace Music), el álbum número 21 de Bonnie ‘Prince’ Billy es tan dolorosamente hermoso ( “Captain Black”) como devastador (del hundidismo como género esencialmente barbudo y su aplicación al songwritting: “Time To Be Clear”), desamparado (y al borde del desarme existencial, mordisqueando la infelicidad: “We Are Unhappy”), litúrgico (de una liturgia autocompasiva capaz de arrastrar a todos aquellos que, cuando se pinchan, sangran, y se pinchan más de la cuenta: “Night Noises”) y abismal (porque cuando miras al abismo, el abismo también te mira a ti o esa oda al desencaje que es “No Match”). Se basta Oldham de su guitarra (y la voz de una chica perdida: Angel Olsen) para hacer temblar el mundo de los tipos tristes que se lamentan, sentados en el suelo, a los pies de la montaña, de que esto no dure para siempre.

Laura Fernández

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